Si alguien me dice, hace unos años -y no muchos- que con 42 primaveras iba a ser capaz de correr casi 36 km campo a través, como una 'cabra montesa', tras otros días de entreno y kilómetros acumulados en las piernas, le hubiera contestado que dejara la bebida con urgencia.
Los dioses me acompañan y me están dando salud para disfrutar y poderlo hacer. Corregirme día a día como persona, como hombre, como marido y padre, como hijo, hermano y amigo está dependiendo de cada paso, de cada metro, zancada y kilómetro porque todo influye positivamente en la vida de cada uno y, en este caso, en la mía.
Yo pongo el tesón, la cabezonería y la disciplina, como en todo lo que hago; Ellos, esos dioses que nos acompañan y vigilan, la vida necesaria para recorrer ese camino, el nuestro, andando o corriendo, cayendo y levantando, despacio o deprisa, paso a paso y así vivir tratando de ser mejor persona cada día.

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