La poesía es como la miel. Te mira, te seduce, se lee espesa en silencio, pero una vez en el paladar se disuelve, se vuelve dulce pellizcando tus emociones y sentimientos. Es el momento en el que has conectado con el poeta. Es el momento sublime del poema, ese que no vuelve.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
Hola, disculpa que dejemos aquí este comentario, pero no encontramos otra forma de contacto.
ResponderEliminar¿Puedes hacerte eco de este proyecto literario?:
http://7plumas.blogspot.com/2010/04/presentacion-nota-de-prensa.html
Muchas gracias:
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