Hay días que no sabes cómo, que piensas y nada tiene explicación, que los que estaban ayer ya no están, se van. Son esos días que simplemente te preguntas el por qué de casi todo. Esos días que la respuesta es borrosa, son esos días que todo te cuesta más. ¿Por qué existen esos días?
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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