No me gusta insultar a nadie. De verdad, es algo que me parece fruto del rencor o de la 'amargura' personal. No debemos insultar a nadie por mucho que creamos lo merezca. Mi consejo es que si algún día te puede más el desahogo y el deseo y no puedes evitar hacerlo, insulta hacia dentro sin que el receptor lo escuche. El mejor insulto que se puede dedicar siempre será aquel que no se dice. es mi teoría y mi consejo.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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