Hace muchos años que perdí lo que es el hecho de desear. Deje de desear y fui, poco a poco, ganando algo importante: Fe. La Fe me genera paz y la paz, calma. Con Fe todo lo que ha de llegar llega y lo que no, pues no. No es que comenzara a conformarme, es que no tenía ninguna necesidad de vivir aparentando. Tal vez lo que más me faltaba era eso, darme cuenta que la mayor apariencia es hacia uno mismo, hacia dentro.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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