La verdadera paz nace cuando comprendes que no vale la pena estresarte por lo que no puedes controlar: lo que pasó, lo que no llega, lo que se queda o lo que se va, y mucho menos por lo que otros hacen o dejan de hacer. Suelta el control. Respiremos. Confiemos en Dios. Enfoquémonos en la luz, en nuestro crecimiento y en lo que sí podemos sembrar hoy con amor y consciencia. Dejemos que nuestra vida fluya con fe. Todo lo que es para ti, llegará en el momento justo.

Comentarios

Por si te interesa...

Padre Nuestro en Hebreo