Pensemos un momento. La satisfacción humana no depende tanto de lo que poseemos, sino de con quién nos comparamos. Una persona puede sentirse la más afortunada en una habitación y, sin embargo, experimentar una profunda frustración en otra, aun cuando sus circunstancias materiales no hayan cambiado en absoluto. La verdadera riqueza empieza por elegir bien dónde ponemos la mirada y con qué vara nos medimos.

Comentarios