De todo los viajes que uno tiene la obligación de hacer, el más importante es, a mi entender, ese que nos conduce al interior de nuestro corazón. Corto pero largo, fácil pero difícil. Pocos túneles más profundos y oscuros que los de nuestra propia alma.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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