No debemos dejar que la ira nos venza. Porque con ella llega también la rabia, la frustración, las ganas de llorar. Antes hay que ponerle pausa al enojo, contener esos nudos que nos atraviesan la garganta. Si nos dejamos llevar de seguro podemos arrepentirnos. En ocasiones las emociones nos arrastran. Así que, dejemos que pasen.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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