Creemos conocer a las personas que nos rodean. No es cierto. Vemos en ellos lo que queremos ver. Sólo se conoce a una persona cuando se le agarra el corazón, y eso solo suele ocurrir en circunstancias adversas.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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