Conocer a otra persona es algo muy complejo y siempre exige un acto de fe, porque jamás nuestros sentidos nos van a proporcionar una representación completa de la otra persona.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
Comentarios
Publicar un comentario