Normalmente desahogamos nuestros pesares con quien tenemos cerca, queremos o sabemos nos perdonará al momento. Tal vez esa fuerza deberíamos ocuparla en agradecer y dejar la ira, en su caso, para quien la mereciera.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
Comentarios
Publicar un comentario