Algo que me enseñaron mis padres y que he tratado de enseñar a mi hijo es que nunca hay que perder la buena educación; no dejar que la tensión o el enfado te roben el respeto, los buenos modales o el equilibrio emocional. Tu mejor compañía es tu paz y tu tranquilidad.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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