Me ha costado más de 50 años darme cuenta de que ser perfecto no es posible. Y llegado a este punto creo que la imperfección puede ser una virtud. No dejes de poner en valor tus imperfecciones.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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