Realmente no le importamos tanto a la gente como creemos. ¿Por qué no hacemos las cosas sin que nos importe tanto lo que piensan los demás?
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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