Despertamos con dos posibilidades: versificar los días y convertirlos en poesía, o amargarnos la existencia. Escuchando el orquestal canto de los pájaros y sintiendo una sonrisa, solo puedo pensar en poetizar este momento.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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