Buscamos la felicidad cuando somos mayores porque simplemente hemos olvidado ser niños. Los niños no buscan ser felices, lo son por naturaleza.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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