El miedo es el sentido de la prudencia. La valentía siempre puede ser un desatino. El miedo termina por paralizarnos en vida, la valentía nos activa.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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