Agarrarse a un poema en tiempos de crisis es como abrazar a quien quieres. Los versos se detienen y te miran, te susurran en silencio, te emocionan por dentro y te envuelven en una paz que te embriaga en el tiempo.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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