En ocasiones, por querer hacer las cosas bien, dejándote llevar por la emoción, las haces inconscientemente mal. Y a partir de ahí la culpa se puede apoderar de ti sin piedad bloqueándote los días. No te agarres a la culpa. Agárrate a la emoción.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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