A estas alturas del tiempo, de la vida, de lo que llevamos ya en esta situación, es absurdo preocuparnos por lo que podría ser o preguntarnos por lo que podría haber pasado. Si lo hacemos, ignoraremos lo que verdaderamente es.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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