La poesía está en cada instante, en cada silencio o en cada rincón ruidoso de nuestras vidas. A veces me pregunto, en el despertar de días tranquilos, dónde van a parar esos versos que cada uno de nosotros guardamos para no ser vistos.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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