Tenemos la tendencia de ir al límite en todo, eso genera que tanto nuestra cabeza como nuestro cuerpo estén en constante tensión, como una olla de presión. Pero siempre hay un momento que pita, explota o se rompe. Escuchemos el cuerpo, controlemos nuestras emociones.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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