Si ponemos cuidado en cómo comenzamos el día, en cómo impulsamos nuestras mañanas, de seguro que el resto de la jornada se irá arreglando sola.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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