29.04.2018... Y estamos en el Aquí y aquí!

Y piensas que aquí todo es diferente. Tal vez porque lo ves de una manera diferente. Es Minaya, es el campo, es el pueblo, mi pueblo, fuera de ruidos, de ruinas y miserias. Y es cierto, todo es lo mismo pero simplemente eres tú el que lo ves con un ojo diferente.
Hay una soledad que se busca y otra que se siente.
El viento nos recorre con fuerza desde que estoy por aquí. No he parado mucho, lo suficiente para sentir que todo lo que vemos es lo que queremos ver. Casualmente la luna es inmensa y se nos ofrece en todo su poético esplendor. El simple hecho, humilde y sencillo, de pararse un instante a contemplar y dejarnos llevar de esa sobre dimensión que nos ofrece, ya merece la pena. 



Es curioso como por aquí, en este pueblo inhóspito, seguro que miserable para muchos, pero siempre grandioso para unos pocos -como para mí-, todo se contempla tan diferente: los cielos son mucho más azules, las nubes parecen algodones inmensos y la luna casi te nombra para que la muerdas.
El mayor tesoro que podemos poseer está dentro de nosotros, no fuera.
El hogar está dentro de ti. Si sales, siempre puedes regresar a él.

El antes y el después son términos que no significan nada. El antes y el después son fruto de tu pensamiento porque solo existe el Ahora.

Lo que damos recibimos. Si damos una parte solo recibimos una parte y es en ese momento cuando sientes que te falta que estás incompleto y nos aparece el miedo.

El miedo siempre surge de nuestra mente, de nuestra percepción. El miedo es el sentimiento de carencia.

Tenemos miedo a perder algo que creemos tener debido a esa sensación de habitualmente tenemos de carencia.

Si creemos que tenemos todo, no nos pueden quitar nada, no tenemos miedo pues.

Elegimos todo los que experimentamos y es cuando lo proyectamos al exterior. Percibimos lo que proyectamos.

Nuestra proyección fabrica nuestra proyección; percibimos lo que hemos elegido proyectar.

Todo en nuestra experiencia, en nuestra existencia, es algo que nosotros hemos elegido.

Somos todo. Nada hay que no seamos nosotros. Nada hay que no tengamos y, por ello, nada hay que no podamos experimentar si es lo que queremos. 
Elige tu destino y seguidamente márcalo en un mapa para llegar a él. Dónde estás y dónde quieres llegar. Toma la dirección adecuada. 
Valores, misión, visión, propósito y metas. De dónde partes, dónde estás y a dónde quieres llegar.

Ser tú mismo y vivir la vida profundamente y lo más consciente posible.

Es cuestión de compromiso, pero no de un compromiso externo, de un compromiso interno, con nosotros mismos.

Sufrimos. Sufrimos por nosotros mismos y nos cuesta comprender nuestro sufrimiento. Descubrir quiénes somos, descubrirnos. Comprender nuestro sufrimiento es aceptarnos como somos y esto definirá nuestras vidas.

Necesitamos ser comprendidos, necesitamos comprender.

Aquí, en estos campos, digan lo que digan, juzguen o critiquen lo que quieran criticar, me encuentro. Podemos pasar nuestras vidas persiguiendo nuestra búsqueda, y no nos damos cuenta que esa búsqueda la encontramos al lado, cerca, en el Aquí, en nosotros, en nuestra esencia.
Tenemos que apreciar lo que ya tenemos y así seremos capaces de alcanzar esa felicidad verdadera en el Aquí y el Ahora.
Dejarnos llevar, dejarnos sentir. Apreciar, contemplar, valorar. Es lo que tengo, es lo que soy. Nada más. Y lo importante, siempre marcando el norte, cerca o lejos, siempre ahí. 
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