18.03.2018... Caminar!

Cuando llega uno al final de la semana y vislumbra, aunque sea tímido y aparentemente sin fuerza, un rayo de luz entre las nubes, producido por un sol que aunque escondido persigue fuerza, te provoca aunque solo sea un atisbo positivo que te hace recordar que nada de lo que ves es, porque nada existe más allá de tus pensamientos y esos pensamientos igual que vienen van. 

Puedes pensar que no sabes ni quién eres, pero eres.  Puedes pensar que no sabes ni dónde estás, pero estás. Puedes creer que nada tiene sentido, pero finalmente todo lo tiene. Puedes sentir culpa,  pero nadie lo es por sí.



Parece que el mundo, este planeta nuestro, se mueve, gira sobre sí mismo y va cambiando el punto de vista, las direcciones, dependiendo del momento y el lugar en el que nos encontremos.

La vida se puede mirar de muchas maneras diferentes, con muchos ojos. Cada uno tiene su mirada, su interpretación y percepción. Incluso yo mismo, dependiendo del día, de la mañana, me veo en el espejo de una manera u otra.

Sólo existe un poder auténtico y es el poder que a todos nos corresponde: esa capacidad de decidir y actuar.

La vida es poder, poder de decisión y los seres nos diferenciamos entre aquellos que deciden y actúan y aquellos que no lo hacen. Y así unas veces acertamos y otras erramos.

Lo importante es hacer un esfuerzo y ejercicio de sinceridad es con nosotros mismos. Hablar con nosotros, decirnos la verdad, aceptar nuestros pensamientos y actos en el Ahora.

Necesitamos respuestas. Pero esas respuestas no nos vienen si continuamente andamos envueltos en el alboroto y las prisas, en el ruido y la furia interior.

Jesús dice en el Evangelio:
“Métete en tu cuarto, echa la llave a tu puerta y rézale a tu Padre que está en lo escondido” (Mateo 6:6)
Con este texto, simplemente nos quiere decir que en momentos en los que todo parece estar envuelto en una confusión, lo mejor es que busquemos un lugar tranquilo, nos sentemos y esperemos, después de un tiempo posiblemente nos venga alguna idea correcta de lo que verdaderamente está ocurriendo.
Ni la razón nos acompaña ni quiere decir que la razón acompañe al resto. Todo depende de la percepción.
Decía un gran amigo estos días que “las emociones humanas se reflejan en las relaciones interpersonales y pueden ser significativamente moderadas por ellas, cuando una de ellas predomina exageradamente o de forma anormal, no hace falta que diga lo que pasa. Pues eso, como decía ayer, no lo reconozco: los alteradores son los buenos y los polis los malos, los q matan tienen derechos y las víctimas no, los imputados judicialmente acusan a los q no lo son, los q se matan a trabajar apenas llegan a final de mes mientras otros no acuden ni a sus trabajos y siguen cobrando, las pequeñas empresas sufren la mayor carga impositiva de su historia mientras las grandes dan pelotazos con el dinero de todos, en definitiva, el mundo al revés.” (JLVP)

En estos últimos tiempos tengo esa sensación, la de vivir el mundo al revés. Te das cuenta que por el hecho de ser de una determinada forma, todo se te escapa. Que eres tú el que va por la vida tropezando y rompiéndote la crisma, mientras el resto mira desde la grada a ver si en uno de esos tropezones no eres capaz de levantarte.

Y a veces, de tanto pensar en lo que quieren los demás, tratamos de interpretar los errores, los que cometemos nosotros o los que creemos cometen los demás. Con las interpretaciones dotamos de más poder el error y una vez que lo dotamos de poder pasamos por alto la Verdad.

Parece que unos tienen que ir demostrando continuamente su verdad mientras otros, los otros, viven en sus mentiras sin ningún problema. Parece que solo los que reconocen los errores o fracasos se convierten en esos culpables en los que hacer caer los reproches del todo.

Sinceramente, vivimos en un mundo en el que si nos acompaña el rencor frente a los demás, el ánimo de prejuzgar y vivir culpando a los que nos rodean, de aquello que no nos interesa, nuestro caminar será de lo más absurdo y triste.

Qué fácil y sencillo es vivir sin juzgar a nadie, simplemente agarrando de cada uno lo mejor que tiene, que seguro es mucho más de lo que pensamos; despertar cada día respirando que es una nueva oportunidad, una nueva alegría; no culpar a nadie por nuestro ruido interno y vaciarnos de resentimiento. Apartar nuestros rencores, dejarnos caminar y simplemente ir hacia delante y ver qué nos depara el largo camino.

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