No cabe duda que el paso de los años nos llena de canas y arrugas, pero también lo hace de experiencia. El sentido de la edad debe estar siempre en la mente y en el corazón, ni se arrugan ni envejecen.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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