Hay momentos en los que parar a pensar se convierte en una obligación. Si nos dejamos llevar por la corriente podemos llegar a buen puerto o estrellarnos contra las rocas.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
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