domingo, 26 de febrero de 2017

26.02.2017... Meditaciones poéticas de domingo.

No están siendo estos, días de escrituras. Es realmente curioso cómo uno tiene momentos de esos en los que parece que las palabras le brotan, de tal manera que se ve obligado a vomitar sobre el papel, por miedo al atragantamiento, y otros, simplemente, no encuentra el modo de dejar en la página lo que realmente desea.

Creo que ordenar ideas también es ordenar palabras.

Esta semana, mientras corrijo algunos versos para ese poemario que espero pronto publicar, que voy aparcando porque se acumulan las tareas pero que cuando me asomo, de vez en cuando, y me leo, me veo en el tiempo, me hacía esa pregunta que no he dejado de hacerme: ¿por qué elegimos los caminos que elegimos?

Me engancho a las lecturas, a esos cientos de libros que voy adoptando en mi vida; me pierdo en mis escritos, absurdos, estúpidos, sentidos, míos; releo esos versos que los años van convirtiendo en una vida y es como si el corazón bajase las pulsaciones que normalmente me aceleran.

Esta mañana, mi primo, mientras charlábamos en nuestra sesión running, me decía que los años van provocando en el corazón que la frecuencia cardiaca se eleve de tal manera que, sin darnos cuenta, estemos forzando un músculo en demasía, como el que tensa mucho la cuerda de un arco y rompe cuando menos lo espera.

Y es que los años, que pasan sin darnos cuenta, se van leyendo si los escribes o los vives.

Van cambiando los tiempos y va cambiando la vida. Con la vida y con los tiempos vamos cambiando nosotros.

Miramos a nuestro alrededor y todo va envejeciendo, lenta pero constantemente.



Uno se va construyendo su mundo con los años y con el tiempo va moldeando su paisaje.

La poesía nos excede más allá de nosotros. Tal vez en los versos esté la esencia de nosotros mismos, al igual que en los versos de otros está su profundidad y pensamiento.

La gran poesía es un homenaje a la vida porque busca la esencia del momento, del sentimiento.

Recuperaba esta semana, también, ese proyecto solidario que es la Asociación Versos Solidarios. Fundada a finales del año 2014 con unos objetivos tan claros como poéticos. Tengo, en los últimos tiempos, cierto ansia de dar, de devolver, de hacer. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos a nuestro alrededor, si abrimos bien los ojos, hay más sufrimiento incluso del que somos capaces de ver.

Tal vez por eso, así, me daba cuenta que casi todo, en mi vida, lo he tratado de envolver en versos. Nunca me ha dado vergüenza decir que me siento poeta; un poeta de la vida, alguien que es capaz de buscar palabras que expresen sentimientos, emociones, filosofía y vida.

Tal vez por eso, con el tiempo, cuando lo vamos agarrando ya entre nuestros dedos con miedo a que se nos escape,  nos entran esas prisas por todo.



Leía un artículo, ayer, sobre Gloria Fuertes. Se cumple este año el centenario de su nacimiento, 1917. Curiosamente al leer me di cuenta del año de su fallecimiento, noviembre de 1998. En ese momento recordé uno de sus libros de versos, una antología que me dedicó. Fue poco antes de aquél noviembre, un año antes. Rebusqué en la biblioteca y lo encontré en esos estantes que tienen como protagonista la poesía. Lo abrí para volver a leer la dedicatoria: "Para José Luis -poeta-, con mi enhorabuena y cariño".

Es en esos instantes dónde crees que fue ayer lo que fue hace ya prácticamente veinte años.

Es lo que toca. Vivir sintiendo, recopilar la vida e ir dejando las huellas que sigan los que nos preceden.
Reconozcámoslo: somos lo que vivimos, también lo que escribimos porque lo hacemos.

"No perdamos el tiempo.

Si el mar es infinito y tiene redes,
si su música sale de la ola,
si el alba es roja y el ocaso verde,
si la selva es lujuria y la luna caricia,
si la rosa se abre y perfuma la casa,
si la niña se ríe y perfuma la vida,
si el amor va y me besa y me deja temblando.
¿Qué importancia tiene todo esto,
mientras haya en mi barrio una mesa sin patas,
un niño sin zapatos o un contable tosiendo,
un banquete de cáscaras,
un concierto de perros,
una ópera de sarna...
Debemos de inquietarnos por curar las simientes,
por vendar corazones y escribir el poema
que a todos nos contagie. 
Y crear esa frase que abrace todo el mundo,
los poetas deberíamos arrancar las espadas,
inventar más colores y escribir padrenuestros.
Ir dejando las risas en las bocas del túnel,
y no decir lo íntimo, sino cantar al corro,
no cantar a la luna, no cantar a la novia,
no escribir unas décimas, no fabricar sonetos.
Debemos, pues sabemos, gritar al poderoso,
gritar eso que digo, que hay bastantes viviendo
debajo de las latas con lo puesto y aullando,
y madres que a sus hijos no peinan a diario,
y padres que madrugan y no van al teatro.
Adornar al humilde poniéndole en el hombro nuestro verso,
cantar al que no canta y ayudarle es lo sano.
Asediar usureros, y con rara paciencia convencerles sin asco
Trillar en la labranza, bajar a alguna mina,
ser buzo una semana, visitar los asilos,
las cárceles, las ruinas, jugar con los párvulos,
danzar en las leproserías.
Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos, 
que al corazón le llega poca sangre." Gloria Fuertes

Inmensos versos que recojo como un guante.

Y así, entre esas mariposas que sonríen en mi vida, termino el día en poesía.

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