miércoles, 15 de febrero de 2017

15.02.2017... Los Teletubbies vs Los Chipiritifláuticos.

Vivo mis días con tanta intensidad, que llego a la tarde/noche y, apeteciéndome el desahogo de la escritura, tengo tanto que vomitar que no sé qué elegir o por dónde empezar. 

Los cuadernos personales son eso, la escudilla, la palangana donde uno escupe con el ánimo de no manchar o salpicar a nadie. 

Los cuadernos de notas aguantan todo. Por ahí quedan pendientes esas reflexiones sobre el 'yo' literario y su escritura, esas otras sobre los refugiados o migrantes y nuestro comportamiento con o sobre ellos; por ahí, también, mis viajes y esos proyectos que me llevan en volandas, las democracias internas de los partidos o ese novelón que termine de leer el sábado y que lleva por título 'Patria' y quisiera recomendar su lectura a todos.

Escribir, anotar. Podría contar mi día a día, argumento, a veces, de novela aburrida de siglo pasado. No cuento. Podría inventar historias  o, simplemente, aderezar o acompañar la realidad con algo de ficción. Eso es lo que nadie nunca sabrá en realidad, lo cierto o no, lo ficticio o sí.

Pero no. No toca.

Hoy, más allá de mi día a día, que normalmente queda para aquellos amigos que me leen con el cariño del que siente el saber de los demás, por encima de esos otros que rebuscan por aquí, estúpidamente, con el ánimo de encontrar lo incontrable, fruto de no tener otra cosa que hacer más que ver lo que hace el resto para luego criticarlo, enjuiciarlo o utilizarlo torticeramente.

Hoy, pasado ese día moña donde los haya, en el que todos se acuerdan de 'querer' y por ello sube el consumo, sin que nos preocupe en lo más mínimo dónde están aquellos que lo único que aman es la vida. 

Hoy, exactamente hoy, en el frescor de esa caminata temprana, cruzando El Retiro hacia la oficina, pensaba que nunca creí, ni creo, ni  creeré, en aquellos que alardean de las cosas, aquellos que van presumiendo que son los más o mejores en tal o cual. No solo no he creído sino que les siento como peligrosos. 

"Yo soy el más solidario... Yo soy más comunista que nadie... Yo soy liberal de la cabeza a los pies... Yo soy el más respetuoso... Yo... Yo... Yo..." Pero una vez que nos damos la vuelta, una vez que nos hemos hecho la foto, una vez en casa, se cambia el chip, el discurso y entonces aparece el verdadero él

El verdadero él da miedo. El verdadero él, se esconde en una sonrisa falsa. El verdadero él es peligroso. El verdadero él dispara con escopeta ajena.

Yo, si me las he dado de algo siempre, ha sido de gilipollas; de ser una persona llena de defectos pero con, depende para quien, alguna virtud. 




Anido en esos momentos vitales que me obligan a no callarme. La verdad es que nunca me he callado a nada, virtud o defecto, pero es que ahora, con la edad,  ante la desfachatez y la utilización desmadrada de la sensibilidad colectiva que hacen algunos, me rebelo.

Leo estos días, con detenimiento, alguno de esos debates que comienzan a surgir, nunca es tarde, en el seno de organizaciones políticas como el Partido Popular: la No duplicidad de cargos o la No acumulación de cargos por ningún afiliado: un afiliado un cargo (mi propuesta es que un afiliado sólo pueda tener un cargo político y un cargo institucional) y, además, un afiliado un voto para la elección de cargos políticos e, incluso institucionales sobre todo a nivel municipal.

Este debate, que ya surgió en el último congreso, celebrado este fin de semana pasado en donde se votaron varias ponencias que, por la mínima, fueron rechazadas por muchos de los que luego por lo bajito defienden, va a continuar. Es un sentimiento recogido por la gran mayoría de los afiliados.

Y este debate es un debate por el que yo apuesto y por el que seguiré opinando, desde el respeto y la libertad que ostento, no sólo a nivel nacional sino provincial y, sin duda, local: Getafe.

No hay que tener miedo a los debates ni a las opiniones diferentes. El debate siempre debe existir.

Escribí hace poco un artículo que titulé 'Un militante, un cargo' (leer aquí). En él, entre otras cosas, ponía un ejemplo muy claro de lo que digo y opino.

Creo en la valía y capacidad de las personas. Lo creo, defiendo y respeto. Pero no creo en la capacidad de poder estar en dos o tres sitios a la vez de nadie. La omnipresencia no existe y la acumulación de poder es lo que pervierte los sistemas democráticos en cualquier parte, institución u organización.

Si se está en un sitio, desarrollando unas funciones y responsabilidades que requieren dedicación, no se puede estar, a la vez, en otros que requieren de la misma dedicación y responsabilidad. Esto es así y ha sido siempre, porque de lo contrario, por mucha capacidad y capacitación, las cosas se terminan por hacer a medias.

Y ponía varios ejemplos, entre otros el del actual presidente Partido Popular de Getafe.

No voy a dudar de la capacidad del presidente, jamás lo haría, pero sí de su posibilidad de omnipresencia.

Getafe, ciudad en la que vivo, es uno de los municipios más importantes de la Comunidad de Madrid y uno de los más importantes de España (cercano a los 180.000 habitantes). Juan Soler es Concejal Portavoz del Grupo Municipal en la oposición (alcalde en la anterior legislatura), Presidente del Partido Popular de Getafe, Diputado autonómico y Senador portavoz de Educación. Evidentemente, sigue viviendo en la capital del reino, Madrid, y no en Getafe, ya que el mayor tiempo lo pasa en esta ciudad.

Y yo me pregunto, nuevamente ¿Es que Getafe no es lo suficientemente importante para que alguien se dedique en cuerpo y alma a conseguir recuperar lo que se perdió o, simplemente, atender a los vecinos y vecinas y tratar de solucionar sus problemas? Yo creo que sí, que Getafe es importante y requiere dedicación completa a nivel político e institucional. Es lo que siento, es lo que pienso y es lo que desde la libertad y el derecho, defiendo. Y con esto quiero decir que apoyaré libremente todas aquellas iniciativas que vayan encaminadas a cambiar esto.

Y por si acaso, lo vuelvo a repetir: he renunciado en público y en privado, pero lo más importante, personalmente, a ostentar cualquier tipo de responsabilidad política (mi etapa ya pasó), pero no he renunciado ni renunciaré nunca a opinar y debatir con el ánimo de sumar y construir.
Es curioso, pero parece que a algunos les molesta que se opine o que se hable. Es más, sé que alguno o algunos hasta les molesta que otros existamos. Qué se la va a hacer: existimos, vivimos y somos. 

Aquel que tiene miedo al debate, a la crítica, pierde la razón.

Y es que algunos tienen la curiosa manía de alardear y exigir libertades hacia fuera, mientras hacía dentro descansan a base de su aplaudido autoritarismo. El primer principio de libertad es admitir la crítica.

Alguien me pasó el otro día esta fantástica cita, que viene a cuento
Quien se enfada por las críticas, reconoce que las tenía merecidas.
Tácito (55-115) Historiador romano.
Por ello, cuando creo que repercute en mi casa algún tipo de injusticia,  razono y ratifico ante el ignorante o el siniestro acomodado que me lo pida. 

Hace poco me decían que todavía respondo o analizo con una mentalidad política. ¿Qué se entiende por hablar como un político? ¿Tratar de no ofender o molestar a nadie? 

Los que me conocen saben que cuando hablo respeto, pero no puedo asegurar no molestar a nadie. Si molesto a alguien con mis razonamientos lo siento, simplemente espero me los discuta y si soy consciente de no tener razón no me importa, todo lo contrario, como siempre he hecho, otorgarle el valor al contrario. Pero que no intenten nunca que me calle, si no lo consiguieron los que obraban sobre mi algún tipo de poder, imagínate los que no lo tienen. 

Y tampoco quiero sentir, ni lo más mínimo, la utilización de malas artes, artimañas mafiosas o lanzamiento de flechas envenenadas. Ya no estoy para batallitas de ningún tipo. No, no me apetece. Pero todo tiene un límite, lógicamente.



Puestos a torpedear, aunque sea dentro de los límites, torpedeó a diestro y siniestro. En casos así más a siniestros que a diestros. 

Veía hoy, no sé dónde, una imagen de los Teletubbies, aquellos muñecos, de formas redondeadas, grandes orejas y con un tubo a modo de antena plegado en distintas formas geométricas en la parte superior de la cabeza que tanto encantaban a los niños. Imagino que a día de hoy los seguirán viendo. 

Aquellos personajes, que se diferenciaban cada uno únicamente por el color de su vestimenta, pero eran todos iguales, se conectaban entre sí con sus antenas para mandarse mensajes de diferentes formas, unos a otros, que quedaban guardados en sus memorias mientras jugaban dando saltitos.

Hay dos generaciones, la de los teletubbies y esa otra con la que yo me siento más identificado por la humildad y sencillez de sus personajes: los chipiritifláuticos, con Locomotoro, el Capitán Tan, Valentina, el Tío Aquiles y los Hermanos Malasombra

Y no sé por qué me da a mi que todavía lo clásico, lo sencillo y humilde vence a lo tan moderno y colorido. La experiencia es un grado.
Como siempre, sé que mis textos tienen dos lecturas: la de aquellos que me leen con un sentido poético y la de los otros. Hoy, diré, que sé que al menos requiere de cuatro lecturas para encontrar el verdadero significado profundo

A mí la lectura que más me gusta es la que no hago, por eso no vuelvo a leer lo escrito y lo dejo con sus imperfecciones que, como las mías, siempre son muchas. Escribo a salto de mata y sin plan previo, mis errores son ajenos a mi voluntad pero sí, son míos.
"Soy, simplemente, lo que soy, o comienzo a serlo. Vivo en el presente. el pasado es sólo un recuerdo para mí, y el futuro una anticipación. amo la vida, amo el cambio más que sus modalidades. En la historia no está escrito cómo el malo se hizo mejor. Creo en algo, y no hay más. Sé que soy." Henry Thoureau

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