jueves, 29 de diciembre de 2016

Contaminación Mental...

En estos días madrileños, de sol, frío y fin de año, nuestra capital está envuelta en una especie de contaminación que ha provocado, entre otras cosas, que se prohiba circular por sus calles con vehículos depende que matrícula. Hoy parece circulan los impares.

Como en todo, cualquier medida que se lleva a cabo por sorpresa, sin premeditación ni protocolos de actuación claros, aunque, como es el caso, se viera venir, genera una especie de queja que, más allá de las razones o no de cada uno para ello, tampoco aporta ninguna solución.

Que en Madrid existe contaminación, es un hecho. Que si no ponemos remedio, o las lluvias no lo impiden, habrá que buscar soluciones, es una realidad.

Que la contaminación es perjudicial para nuestra salud, es algo que incluso sin darnos cuenta -en el momento- está comprobado.

En los últimos años no suelo utilizar el coche en el día a día. Soy uno de esos privilegiados que opta por coger temprano el tren de cercanías hasta Atocha y luego, voluntariamente, camino hasta el despacho respirando esa polución de la que hablamos, pero disfrutando de la poesía que aporta el amanecer sobre el Parque de El Retiro. Es mi elección, es mi voluntad.

Y cuando el clima y el tráfico lo permite... bicicleta. Más sano, todavía. 

Entiendo que hay personas que, por su trabajo, no pueden prescindir del vehículo para sus desplazamientos por la ciudad.

Sabemos y conocemos, también, cómo la mayoría utilizan el coche hasta para moverse en distancias menores a 500 metros.

Son estos últimos, sinceramente, los más protestones.

¿No se han dado cuenta ustedes que cuanto más cómodos nos volvemos, más nos quejamos por todo?

Pues sí, soy de los que opinan que en las grandes ciudades hay que poner restricciones al tráfico y generar soluciones para la movilidad más limpia y sana. Irá en beneficio de todos nosotros y del de nuestros hijos.

Tengo la sensación que termino el año con una especie de contaminación mental que me cansa. No sé si me está afectando demasiado el NO2.



Me cansan muchas cosas, tantas más como otras me estimulan. Debería ser al revés pero así es.

Me cansó de ver sufrir a la gente buena; me canso de tanto vago, de tanto quejica que no aporta nada a la sociedad.

Me canso de comprobar lo insolidarios que somos; de tanto geta que vive o quiere vivir a costa del trabajo de los demás. 

Estoy cansado de tanto idiota que idiotiza a los demás.

Cansado de que me digan lo que es mejor o peor para unos o para otros.

Me canso de que ya no se pueda confiar prácticamente en nadie, cada uno va a su bola e interés.

Me cansan los pelotas, esos incapaces de decir lo que piensan por miedo al qué dirán.

Me cansa la afición a tener más y más sin pararnos a pensar que todo nos sobra.

Me cansan aquellos que prejuzgan a los demás pero luego no admiten una crítica del resto o esos que, para tapar sus vergüenzas, culpan a otros.

Me cansa que la buena gente, los honestos y honrados, tengan que superar más obstáculos para conseguir cumplir sus objetivos que los caraduras.

Me he cansado de aquellos que se ríen de los que menos tienen y ellos se las dan de listos por haber nacido, únicamente, con más oportunidades que el resto.

Me canso de los cansinos y plastas.

Termina el año y uno va dejando por aquí sus últimos vómitos y últimas palabras de este 2016. Tal vez sea por eso que quiera, también, limpiar mi mente contaminada para así comenzar el año con la máxima serenidad, tranquilidad y poesía.

A veces pienso que sería mejor estarse quieto, sin hacer nada, para no llevarte tantos desengaños o no fracasar. Pero no va conmigo. Me he dado cuenta que todo cuesta muchísimo, que no hay éxito sin fracaso y que mi corazón se pararía si mi mente y mi cuerpo dejaran de moverse, de enredar.

Creo que seguiré fracasando, seguiré llevándome desengaños, continuaré enfadándome conmigo mismo y exigiéndome a la vez mucho más.

Para estar preparado, nada como asumir nuestra contaminación mental, buscar un tiempo para encontrarnos con nosotros mismos, echarnos la bronca, buscarnos y es la mejor limpieza no sólo de la mente sino del alma.

La mente, nuestra actitud, son capaces de hacer que nuestra vida cambie. 

De los errores se aprende, el sufrimiento te hace más fuerte y de las adversidades se coge impulso.

Vamos cerrando el año, digo, vamos dejando palabras, vayamos descontaminando la mente.

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