domingo, 27 de noviembre de 2016

27.11.2016... Escribiendo...

Hay semanas que pasan por delante como si de una película se tratara y de la que solo quisiéramos recortar ciertas imágenes y echar el resto a la basura.

Terminamos casi como comenzamos: lloviendo. Llover es una constante en estos días. La lluvia es ese fenómeno atmosférico necesario y deseado en nuestra península, para nuestros campos, para la limpieza de nuestra atmósfera, pero menos querido por mi. Lo reconozco, no me gusta la lluvia, aunque siempre me quede ese sabor poético con el que empapa los días.

Creo que esta ha sido una semana de lecciones y, una de ellas, la más importante, no es la primera vez que la reivindico por aquí: hemos deshumanizado la política. La política sin humanidad, sin sensibilidad ni emoción, termina por deshumanizar, también, a las personas. ¿Nos estamos deshumanizando las personas? Algunos creo que llevan tiempo deshumanizados.

Desgraciadamente, a veces, nos tienen que soltar uno de esos guantazos para que nos demos cuenta de ello. Aun así, estoy seguro,  tras una semana volveremos a olvidar y continuar como si nada.

Dicho esto y en vistas de que en esta tarde otoñal, envuelto en literatura, en versos y filosofía, lo más positivo que puedo hacer es acercarme a este teclado y soltarme, diré que he llegado a la conclusión definitiva de que escribir es la mejor forma que tenemos de desahogarnos, de mirarnos y mirar el mundo, de expresarnos en libertad.



Lo he comprobado en los últimos días. Creo que voy a seguir utilizando esta técnica terapéutica, no solo para recomendar sino para practicar.

Escribiendo opinamos, escribiendo soñamos, deseamos y denunciamos.

Leer es la mejor forma que tenemos de aprender, de saber, de conocer. Escribir de sentirnos libres.

amontonar palabras sin sentido. Ordenarlas, desordenarlas. Ideas, proyectos. Sueños, historias. Versos, escalofríos.

En nuestras palabras, es posible que queden nuestros recuerdos amontonados en hojas o en cuadernos hilados en las redes virtuales.

Tal vez no haya aprendido a escribir, a expresar pensamientos con las palabras adecuadas; pero sí el tiempo me ha dejado el poso del saber que todo aquello que no queda escrito, de la manera que sea, simplemente no queda.

La escritura que es más vida que literatura, esa que no se escribe para vender sino por el mero hecho de vivir, de vivir mientras se escribe vida, porque así nos encontramos con nosotros, es la auténtica expresión del sentimiento, de la emoción.

Escribir sin estilo, sin saber hacerlo porque no nos importa ni los estilos ni las gramáticas. Simplemente escribimos lo que sentimos.

Escribir líneas o versos. Qué más da. Todo lo escrito por uno termina por ser poesía. Como esas gotas que están lloviendo desde el cielo y que golpean el suelo convirtiéndose a su vez en miles de minúsculas gotitas que perfuman versos.

Eso es la escritura.

Pensaba esto mientras leía mis notas, mis textos de hace unos años. Estoy metido de lleno en la corrección de lo que será el segundo tomo de mis notas y diarios tras aquél '¿Por qué no te lees?'. No está siendo fácil, tampoco el tiempo me permite mucha dedicación.
Mes a mes, año a año, desde 2013 al 2016, quisiera tener listo para enviar a corrector y editor como muy tarde a principios de enero. Objetivo creado.

Es curioso cómo se reviven momentos mientras te lees. Cómo eres capaz de saber en qué instante escribiste tal o cual frase, tal o cuál pensamiento. La vida de uno, sus pensamientos, sus emociones, al fin y al cabo, quedan en ese cajón desordenado que es nuestra mente. Lo mejor es irlos ordenando y colocando para que, si alguien lo desea, algún día, pueda conocer.

Por eso, en esta tarde de lluvia, vuelvo a recomendar no dejar de escribir...

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