miércoles, 28 de septiembre de 2016

28.09.2016... De Sueños al Despertar: en La Laguna.

Viaje en avión a Tenerife, La Laguna. Pesado, casi sin encontrar mis piernas en ese mínimo espacio entre asiento y asiento, con las esperas propias del aeropuerto y con esos horarios fuera de mis costumbres. Pero aquí estoy,   disfrutando de paisajes, también, poco acostumbrados.

Comida atípica pero en agradable compañía: la mía. Lo bueno es que las cuatro de la tarde son las tres que, aparentemente, es una hora más normalizada para el almuerzo. ‘Jamonería La Concepción’, al pie de esta bella torre de la Parroquia Nuestra Señora de la Concepción de San Cristóbal de la Laguna. Un municipio que muestra una belleza inusual, isleña, colonial.

Mientras comía pensaba y mientras pensaba comía. Es lo bueno que tiene comer en solitario, algo que me encanta. Sé que hay gente que no le gusta e, incluso, lo critica. Tal vez sea porque en el momento en el que estamos solos, sin más presencia que la nuestra, nos encontramos con nosotros y eso, posiblemente, a veces, para muchos, sea peligroso.


Decía que mientras comía pensaba me hubiera gustado visitar la Logia masónica que existe en La Laguna, en este caso Simbólica, pero por lo que sé o conozco, de oídas y leídas, una de las más bellas de España:  "El suelo ajedrezado representa la dualidad, dos columnas rememoran las de bronce del templo de Salomón, los tres pilares personifican la sabiduría, la fuerza y la belleza; y tres ventanas simuladas simbolizan el discernimiento. En sus vidrieras están representadas la acacia, la granada y la colmena: la acacia como elemento de la inmortalidad; las abejas en la colmena como divisa de la laboriosidad, la dedicación y el trabajo en equipo; y la granada como fruto del amor y la fertilidad. Pero lo más importante sin embargo está en el techo: la bóveda celeste.
Una casa secreta del casco de La Laguna es el único templo masónico de España que posee una bóveda celeste, un mural que representa los valores máximos de la universalidad de la logia.”

La masonería canaria tiene una historia importantísima dentro de la orden en España. Puede considerarse la masonería canaria como la pionera. Ciertamente, su implantación definitiva tardaría en producirse, como sucedió en el resto del Imperio español y, en general, en el conjunto de los países latinos, a causa de la vigilancia y de la persecución del Santo Oficio, pero en las Islas Canarias tuvieron lugar algunos acontecimientos que, por su relevancia, confieren a la historia de la masonería canaria un sello peculiar.

Nos referimos de modo especial, al primer proceso inquisitorial de las Españas y uno de los primeros del Orbe cristiano, por parte de un Tribunal de la Inquisición, el de Las Palmas de Gran Canaria, contra un católico acusado de pertenecer a la masonería, el irlandés Alejandro French Linch, iniciado en Boston y denunciado como tal, en el tinerfeño Puerto de la Cruz, en 1739, por su paisano Patricio Roch, pues según dijo lo había visto “con la insignia o divisa que usan los de tal compañía, que es un delantarcillo de cuerecillos atado a la cintura, que cae cerca de las rodillas por la parte delantera del cuerpo” (mandil), matizo que portaba “en una mano una paleta y en la otra una cuchara, insignias del pedrero, que es la significación en nuestro idioma castellano de las palabras free masons o libre pedrero; y añade que le parece que los tales están juramentados entre sí, para no descubrir el secreto del fin a que se dirige su compañía”.

El caso es que vuelvo a sentir el momento de ‘despertar’. Ya no tengo tantas ataduras, llamésmolo así, o connotaciones profesionales de incomodidad pública. Me va importando menos lo que digan los demás y más lo que pienso y soy yo. Mi étapa personal más centrada, espiritual y filosófica, poética y emocional, fueron los años antes de pasar al estado voluntario de ‘sueños’. Por cierto que, visto lo visto, conociendo a algunos otros personajes pertenecientes a otro tipo, tan respetables por supuesto, de órdenes, de otras creencias sectarias como son Legionarios de Cristo y Opus, no tengo claro si mi decisión fue la acertada o no. Lo cierto es que fue personal y como personal está comenzando a ser el reflexionar sobre mi despertar y participación activa.

El hotel en el que me alojo, junto a la universidad de La Laguna, regentado por una familia italiana, es como una de esas casas grandes de Minaya. De hecho, según me ha comentado el dueño, que hace de todo (limpia, recibe, sirve la cena...), el edificio fue una casa de una familia adinerada del municipio. Es más casa que hotel; más hostal que casa. Agradable, limpio, entrañable. Económico y dentro de nuestra forma de trabajar, austero. Es cierto que las habitaciones dan esa sensación de estar hospedado en la casa de tu tía, en un colegio mayor o, incluso, en un convento. Es poético y, sobre todo, la amabilidad les desborda pero, reconozco, te hace sentir un poco más solo que en otros hoteles más convencionales. ¿Recomendable? Cien por cien: Hotel So Di Gio.

Pensaba en el avión, mientras volaba el cielo, que me parece extraordinario el privilegio que tengo de recorrer, por ejemplo, en cuatro semanas, media España. También cansado, claro que sí. Pasar tres días a la semana fuera de casa, de tu entorno, de tus cosas, llega a generar algo de estrés. Pero mientras haya vida, hay fuerza y pasión por seguir viviendo y descubriendo rincones. Son oportunidades de esas que nunca supimos dónde estaban; tampoco creíamos que estaban.

Creo que últimamente filosofeo demasiado o la filosofía me filosofea en exceso. La filosofía, afirmaba Schopenhauer, comienza por una meditación sobre la muerte. En cambio el sabio de Spinoza anotó que: “Homo liber de nulla re minus quam de morte cogitat et ejus sapientia non mortis sed vitae meditatio est.” Algo así como que
“El hombre libre en lo que menos piensa es en la muerte, y su saber no es una meditación sobre la muerte sino sobre la vida.”


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