jueves, 21 de julio de 2016

21.07.2016... Pokémon Go en Minaya.

Lo que tiene tratar de estar desconectado es que, sin darte cuenta, consigues estarlo. 

Hoy abrí los por aquí, por Minaya, porque creo que uno de los pocos gallos que deben de quedar en el pueblo, me despertó. Y digo esto porque hacía muchísimo tiempo que no llegaba a dormir esas ocho horas que deben ser reglamentarias en todo ser humano. Es posible, que haga más de algunos años que no había conseguido dormir, de seguido, así. 

Mi primera sensación, mi segunda y tercera, es que todavía vivía en un miércoles. Fue Marisol, en mi perfil de Facebook, quién amablemente me recordó que no, que había vivido ayer en miércoles y hoy, como un privilegio más, tenía ante mi el jueves. 

También hacía tiempo que no perdía esa noción del tiempo. Y me ha parecido correcto, no me ha sentado mal, haber vivido sin darme cuenta de haberlo hecho, muchas veces es razón suficiente como para pensar que lo has hecho en un estado inconsciente de felicidad. 


Leo estos días en la prensa, con extrema atención y expectación, el lanzamiento de un juego que se ha convertido en una especie de moda en todo el mundo: Pokémon Go. 

Desde el fin de semana pasado, vengo leyendo y viendo, con atención, noticias en todo los medios, sobre este espectacular lanzamiento y el éxito que está cosechando. Tanto que, a día de hoy, los telediarios comienzan a aconsejar sobre su uso moderado o, por ejemplo, que las empresas que lo han desarrollado suben en bolsa como la espuma. 

No deja de asombrarme que, productos así, se conviertan en un espectacular reclamo para las gentes que habitamos este planeta. ¿Tanta necesidad tenemos de que un simple juego nos genere atracción? 

Hay personas que no habían caminado en su vida que comienzan a caminar buscando estos bichos; gente que –según he escuchado en las noticias- tienen accidentes con el coche o por la calle por ir pendientes de este juego en el móvil. Unos que corren por el Retiro de Madrid, buscando estos bichitos o que, por primera vez en sus vidas, entran en una iglesia porque parece que en ese momento un espécimen de Pokemon ha aparecido por allí. Las Plazas de pueblos antes desconocidos, comienzan a ser visitadas por gentes buscando esos curiosos especímenes virtuales. 

Pero eso no es todo. El marketing y el consumo aprovecha todas las oportunidades. Hay restaurantes que comienzan a anunciar sus menús diciendo que hay Pokemon’s en su interior. 

No voy a criticar ni defender. Me da igual lo que haga cada uno con su tiempo, con su vida y con su móvil; pero sí he de decir que este juego tiene ya un éxito abrumador. 

A partir de ahora comenzarán a salir los defensores y detractores del juego. Se comenzará a especular sobre los pros y los contras. Los habrá que se dediquen a escribir teorías sobre el por qué del éxito; otros buscarán filosofías simbólicas, que nos hagan dudar sobre si desde el más allá algo nos está profetizando el fin del mundo por una invasión de Pikachu. 

Lo cierto es que Pokémon Go es una revolución tecnológica que ha conseguido que, con una tecla en nuestro móvil, podamos, sin cambiar nuestras rutinas, dedicarnos a cazar muñequitos que van apareciendo en lugares insospechados de nuestro hábitat común. 

Y sí, no puedo escribir nada de nada si no lo experimento. Sí, contemplando que estos días el mundo entero parece tomado por unos exóticos y feos monstruos de una especie llamada Pokemon, que existe ya en más de 30 millones de usuarios que se han descargado este juego, he querido comprobar qué coño es esto

Me lo he descargado en el móvil. Lo he abierto, he dejado que a través de mi GPS el juego me posicionara y, sorpresa, en ese instante ha aparecido un muñeco en la mesa de mi porche. No he tardado mucho en cargármelo con una especie de huevo, comérmelo o lo que sea. 

He querido probar más. Estoy en Minaya, no entiendo mucho que en este pueblo, que para muchos pueda parecer hosco, encantador para pocos (para mi) y desconocido para muchos, hubiese de estos bichos danzando, repito virtualmente, a sus anchas. Me he puesto a andar y… ¡sorpresa! En la puerta de casa otro bicho. Cazado. 

En fin, probado el juego, consciente de que Minaya existe también para los Pokémon, creo que, sin duda, detrás de este juego se esconde mucho más: información, negocio

La información, las costumbres de cada uno, los pasos y movilidad de las personas, aunque sea jugando, supone un poder que, bien utilizado, termina por dirigir o redirigir costumbres, hábitos o consumos. Influir en decisiones.

¿Qué pasaría si, por ejemplo, estos 30 millones de seguidores del juego en todo el mundo supieran que, por ejemplo, en la antigua estación de tren de Minaya, por ejemplo, está el 'bicho' que más vale del juego? 

Un reclamo, una publicidad que, bien utilizada, puede generar ingresos. 

Todo lo que sea para bien, bienvenido sea.

Voy a seguir disfrutando del jueves, o ¿miércoles? o ¿martes? Qué más da. Sigamos viviendo. 

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