domingo, 3 de julio de 2016

03.07.2016... Reflexiones personales X.

No sé muy bien cuál es la mejor forma de llegar al final de la semana, ni de comenzar uno de esos meses que, por lo natural y normal, debería ser algo más tranquilo de lo que aparenta ser. Si sé que, en el caso que me atañe, llego a este domingo caluroso, con la energía renovada, las piernas cansadas y mentalmente envuelto en esos momentos poéticos que nos han dado los días.

Esta mañana salimos a correr. Me acompañaba, además de C, el cansancio de la semana; me acompañaba el sol que desde el cielo, temprano, bramaba fuego de ese que te recuerda que lo mejor, en estas fechas, es madrugar todavía más. Pero como siempre, el desahogo, la búsqueda del equilibrio mental y espiritual, la conversación agradable, el esfuerzo, el reto, lo pueden todo. 

Y es que sí, parece que el verano se ha encontrado conmigo. 

Los viajes, el coaching, la literatura, la poesía y el silencio. El sabor a mar, la luz encendida en las piedras llenas de historia e historias, las noches convertidas en mosaicos. 

Cada uno ve la vida como le interesa, incluso termina por ir construyéndola a su manera, de tal forma que puede llegar a creer incluso lo irreal. 

Nadie somos quién ni para prejuzgar ni juzgar la vida del resto.




La verdad es que la vida, mientras se tiene, no es más que esa acumulación de experiencias y momentos para terminar de hacer un todo, el de cada uno, el que te acompaña en ese final del que nunca sabes cuando llegará.

Pensaba hoy, en esta tarde sin fuste, en las personas, particularmente en esas personas que uno va conociendo y que van llenando, a su vez, las vidas de cada uno, ocupando esos huecos o momentos como el que va tapando con yeso las grietas que van surgiendo en las paredes de los edificios. 

Me dejo sorprender siempre por la extrañeza de esas vidas de los otros tal vez porque siempre he querido dejarme sorprender. Una vida sin sorpresas deja de ser vida, como una vida sin acción tampoco lo es.

"En el proceso de pensar o escribir sobre uno mismo uno se convierte en otro." Paul Auster

Leía esta frase, tratando de acercarme a una reflexión más profunda sobre mi propia vida o sobre mis propias vidas. Porque ¿cuántas vidas vivimos o cuántas vidas somos capaces de vivir en nuestros días? Esos días que vamos deshojando como quien arranca los versos de un poema y los esparce por dónde va caminando, para el que quiera recoger.

Y tal vez hoy, debería haber escrito sobre otras muchas cosas, más o menos importantes, pero el calor del sillón me ha llevado a estas mínimas reflexiones sobre la vida, tal vez, también, porque la vida no es más que eso, lo que vamos escribiendo y dejando en los cuadernos que vamos acumulando en las estanterías.

La nostalgia se nos va
cuando consentimos abrir
la vida como ventana
para ventilar y revolver
la inercia de aquello
que solo encontramos
si somos capaces
de buscarnos.

Feliz noche... 

No hay comentarios:

Publicar un comentario