domingo, 22 de mayo de 2016

22.05.2016... ¡Y van... 48!

Claro que es domingo, claro que termina la semana, claro que ayer pasé uno de esos días familiares que lo merecen, que disfruté esta mañana de una fantástica sesión running, junto a C, por esos campos de Getafe, comentando lo uno y lo otro, mientras la mente buscaba el equilibrio, el aliento, lo místico que te aporta el olor y el oxígeno del Cerro de los Ángeles.

Porque miro atrás, ahora, sentado en mi mesa mientras escribo estas líneas, y veo una semana que ha rozado la extrema intensidad. Una semana en la que terminé de vivir mis agradecidos 48 años, para adentrarme en el 49 con las mismas ganas por sentir, por hacer, por marcar objetivos y metas que en los anteriores. Todo será, paso a paso, si las fuerzas nos siguen acompañando como hasta ahora, gracias a ese Eterno que no se despista ni nos deja solos ni un momento.

Ha sido una semana, repito, que se llenó de cuestiones profesionales de toda índole, en todos esos campos en los que trato de moverme con el máximo orden, y de proyectos que caminan más lento de lo que yo preveía. Todo no puede caminar a la misma velocidad; tampoco avanzar de prisa lleva antes al destino. El caso es que ando revuelto entre varias cosas a la vez y eso me altera y desordena.

Me alteró también, momentáneamente, comprobar en carnes el clima tan extraño que vivimos. Esos momentos que te hacen volver a pasados que ni recuerdas y que tratan de enredarte en lo que no tiene sentido.

A todo ello se unió mi viaje de esta semana. En este caso a una de las ciudades que más me gustan y con la que más identificado me siento: Ourense.

Así el jueves, temprano, cogí ese tren que me lleva en el amanecer a Ourense. 

Dos días prácticamente sin dormir, dos días despertando a media noche con un desagradable estado de ansiedad. No suelo tener ese tipo de sensaciones más que cuando me preocupa algo. A veces las preocupaciones solo son imaginaciones, otras son realidades que nos obligan a pensar en desatascar situaciones. Pero creo que esas horas en tren, pensando, reflexionando, meditando, consiguieron que tomara más significado la gratitud por llegar a los 48 que alguna de las estupideces en las que se envuelve, de vez en cuando, la mente.



Pasar el día de mi cumpleaños en Ourense fue tan especial como casual. No voy a repetir por aquí las sensaciones que me produce esta poética ciudad, desde que tuve la oportunidad de conocerla hace ya unos años cada día me gusta más: sus calles, sus gentes, su historia, su calor.

Las Jornadas, esta vez sobre el futuro de las Diputaciones Provinciales, un éxito en participación, organización y, cómo no, dirección por parte del Presidente de la Diputación de Ourense Manuel Baltar.

Como siempre, compartir ideas y reflexionar sobre ellas; como siempre, la defensa del municipalismo. Como siempre, trabajar, que al fin y al cabo es lo que sabemos, por ir mejorando los servicios que se prestan desde estas administraciones al ciudadano.

Y así, ya de vuelta el viernes a la noche, ha llegado uno al final de la semana y a los cuarenta y ocho: algo cansado pero con ganas de continuar dando guerra, de ser la mosca cojonera, de seguir emprendiendo y llenando la vida de metas y objetivos. 

Así llega uno a esta edad, maravillosa por cierto, cargado de sueños, de versificar momentos y de seguir viviendo el ahora como si fuera el último.

Pensaba hace un momento que, si cada uno de nosotros tuviera la oportunidad de quedarse para siempre en una edad, en cuál querría quedarme, pararme, yo. Curiosamente me quedaría aquí, en la que tengo, en este momento. Sé que estoy viviendo con una intensidad máxima, haciendo muchas cosas a la vez en diferentes campos. Sé que hay semanas que las termino agotado, pero que llego al lunes con la misma fuerza e ilusión del anterior. Tengo proyectos, tengo ilusiones, tengo vida; soy un privilegiado y por ello doy gracias cada día que termino y al despertar. Creo que me quedaría aquí.

Por cierto, jamás había recibido uno tantas felicitaciones, de grandes amigos, de amigos y conocidos. Parece mentira pero, también eso, te hace vivir. A todos mil gracias y, a esos que siempre están, saben que soy incondicional.

Feliz noche amigos todos.

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