lunes, 16 de mayo de 2016

16.05.2016... Pensar en lo inevitable.

Y sí, no sé si hemos terminado semana o la hemos comenzado ya. Prefiero los viernes festivos a los lunes. Los lunes son esos días de esprint, en los que la mente suele estar completamente limpia y el cuerpo en forma para enfrentarnos a todos los quehaceres, objetivos y metas. Los viernes vas algo más falto de fuerzas y si el calendario te lo regala como festivo, no sólo lo agradeces sino que lo abrazas.

Pero es lunes, tras un fin de semana de celebraciones familiares que se unieron a mi vuelta de Zaragoza. Y aquí estamos, en otra semana importante, en la que volveré a viajar, esta vez a Ourense, pero no sin antes dejar cumplidas varias tareas importantes.

Parece que la vida no deja de ser una carrera continua, a veces va tan deprisa que ni siquiera nos paramos a disfrutar de cada momento. Pero ¿es una carrera o hacemos que sea una carrera?

Al hilo de esto, y de los textos que sobre budismo leo en estos días, reflexionaba esta mañana, mientras me deleitaba con una fantástica y solitaria sesión de running, sobre la muerte. 

Sí, aparece la palabra maldita, la palabra tabú, el yuyu. Creo que en determinados momentos es bueno meditar, pensar, reflexionar sobre la muerte; creo que es la mejor manera de obligarnos a despertar, a abrir los ojos.

Hay cosas que, queramos o no, son inevitables; la muerte es una de ellas. Nada permanece, todo cambia, la muerte es inevitable. Y si es algo que no se puede evitar, por más que queramos, por más que tengamos todos los dineros del mundo, por los títulos que tengamos o por nada del mundo, ¿por qué en este momento no nos ponemos en pie y hacemos algo de verdad en la vida?



Cada minuto es un minuto menos. 

Hayamos hecho lo que hayamos hecho, moriremos. Por lo tanto, será mejor hacer que no hacer.

Pienso que es importante mantener la muerte en mente, para que así recordemos que debemos estar despiertos: hacer, vivir, sentir, no desperdiciar el tiempo. Amar, decir lo que se siente a quién queremos. Ayudar a los demás a ser y sentirse mejor. Aportar nuestro pequeño grano de arena para que todo a nuestro alrededor quede mejor cuando ya no estemos. Hacer de Verdad.

Pensemos en la muerte como lo que es: vida. Pensémoslo como un impulso, como una motivación para actuar, para vivir.

Normalmente nos preocupamos poco de nosotros, vamos como alocados porque pensamos que esto del vivir es eterno. Pero claro, llegamos a los 50 y es cuando comenzamos a sentir que ya no tenemos 20. Entonces nos entran las prisas por cuidarnos sin darnos cuenta que, aunque no es tarde, tal vez nos hayamos pasado tanto de la raya que el daño ya esté hecho, que esté ahí, latente, dispuesto como en una ruleta rusa a disparar a quien toque.

La vida puede ser en un instante lo que deja de ser en otro.

La vida pasa tan rápido que ni nos da tiempo a pestañear. Comenzamos a pensar en lo que daríamos por empezar de nuevo y vivir de una forma diferente; o hacer las cosas de una manera distinta a como las hemos hecho. O lo que deberíamos haber hecho que no hemos hecho. ¿Es tarde? 

No es tarde. Si estás reflexionando sobre ello te diré que para nada es tarde. Pensar en la muerte de hace vivir. Ahora mismo puedes despertar, comenzar a hacer las cosas y vivir como deseas. No sabemos el tiempo que nos queda, pero lo que sí sabemos es que en este momento estamos vivos. Si nos despertamos cada mañana es que estamos vivos; podemos utilizar el tiempo como deseamos o tirarlo a la basura.

Pero no malgastar el tiempo no es dejarnos llevar por lo mundano, por lo superfluo. No malgastar el tiempo es aprovecharlo con lo que merece la pena aprovecharlo. Con los nuestros y lo nuestro. Con la sociedad que merece la pena. Nunca es tarde para dar, para devolver lo recibido por la vida que siempre es mucho.

Todos terminamos por morir, pero no todos llegamos a vivir.

Depende de cada uno de nosotros. 

Por eso, de vez en cuando, te recomiendo reflexionar sobre la muerte, sobre lo inevitable, es la mejor forma de despertar y vivir.

Y así, en este lunes extraño, termino deseando a todos una feliz noche. Vivamos.

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