sábado, 26 de diciembre de 2015

26.12.2015... Love Actually; Realmente Amor.

Va despachando uno estos días como con ganas de que terminen. Nos envolvemos en excesos como si nos faltara algo, sin darnos cuenta de que lo único que hacemos es complicarnos en pesadeces, ardores y un aumento calórico difícil de quemar.

En estos días navideños pasan muchas cosas, otras se pretenden y no llegan a pasar, no sabemos si nunca pasarán o, en esa mentalidad positiva que me caracteriza, posiblemente sí. ¿Quién lo sabe? 

El caso es que siempre son días inciertos. Acostumbro a escribir poco o nada. Entiendo que voy dejando ideas anotadas por ahí, como perdidas, que es posible que jamás se conviertan en un texto final, o sí. ¿Quién lo sabe? Es como esos poemas que dejo inacabados y algún día, de repente, sin saber por qué, termino.




El caso es que llegado a este final de sábado, pasadas las celebraciones, quería escribir sobre algo y, sin saber muy bien por qué, me ha venido a la cabeza esa película que volví a ver el otro día: Love Actually.

¿Quién no ha visto o quién no ve, alguna vez, algunas muchas veces, Love Actually por navidad? Para decir la verdad y ser totalmente sincero, yo no sólo la veo en estas fechas, sino que a lo largo del año me la coloco un par de veces.

Puedo reconocerme como uno de esos hombres que chispean con las historias que emocionan, que sortean las lágrimas con esas imágenes felices y que se revuelve, poéticamente hablando, cuando comprueba o reflexiona sobre lo que la pantalla refleja en su vida.

Podría haber vivido, prácticamente, todas esas historias alguna vez, haber sido protagonista o secundario, pero es que también me gustaría seguir sintiendo y viviendo alguna más. ¿Y por qué no?

Son situaciones, envueltas en torno a las relaciones, al amor, que están ahí, delante: ese escritor que se enamora loca y silenciosamente de quien parecía imposible, la paradójica timidez de los dos actores porno, ese final dramático de quien elige renunciar a su sueño por seguir su responsabilidad, ese que se enamora de quien no debe y actúa en consecuencia, la paciente esposa inglesa que espera y desespera... Imposible no identificarse con alguno de los personajes o alguna de las historias que se cuentan en esta película y que giran en torno a las relaciones y el 'amor'.

Es una de esas películas que, cuando termina, te sientes algo removido. Nos vienen a la cabeza mil imágenes, mil sensaciones, mil oportunidades perdidas, mil recuerdos, mil personas y varias cuentas pendientes. Una de esas películas que es mejor ver solo, sin más acompañante que tus pensamientos.


Nosotros somos muchas historias a la vez, pero también formamos parte de otras muchas.

Escribía por ahí, no hace mucho, algunas reflexiones sobre el 'Amor'. No suelo escribir mucho sobre el amor; el amor es para vivirlo y no para escribirlo. Pero mira por dónde, tras volver a ver esta fantástica película, vuelvo a reflexionar y escribir algunas líneas.

Hay tantas formas de amor como personas. He conocido relaciones de todo tipo; amores de tantos tipos como personas diferentes existen. Y ninguna forma de amor es criticable o enjuiciable.

Lo bello del amor son sus formas, sus maneras, sus ocurrencias. ¿Podemos vivir sin amor? Sí, claro que sí. Pero todos nosotros necesitamos de dosis de amor en algún momento. Por eso el amor no se puede criticar, ni debemos aconsejar sobre el amor. El amor aparece y desaparece sin poder controlarse. Nadie controla el amor. Cuando deseamos que aparezca no lo hace y cuando no lo esperamos, o preferimos no tocarlo, nos sorprende y pilla desprevenidos.

A lo largo del tiempo vives, o te ves envuelto en diferentes experiencias, que tienen mucho que ver con las relaciones humanas y el amor. De todas las vidas podría escribirse una auténtica novela en la que el amor, llenaría capítulos muy diferentes, con escenas, personajes y tramas extraordinarias, repletas de sonrisas y lágrimas, de placer y dolor.

También he escuchado a muchas personas aconsejar a unos y otros sobre el amor. Curiosamente, con el tiempo, muchos de los consejeros caían en esas redes de emociones y sentimientos sin control. Dependiendo de los ojos con los que se mira se pueden ver las cosas de una manera u otra.

Los hay que se conforman viviendo infelices o felices que viven cada día deseando que les llegue. Los hay que viven en silencio el amor. Los hay que lo persiguen hasta el infinito porque creen ser merecedores de él. Los hay que se esconden en relaciones imposibles o aquellos que no renuncian nunca a ese momento o instante que les hace sentir vivos, por muy corto que sea. 

El amor es, posiblemente, esa emoción o sentimiento, que no tiene muros, ni barreras  ideológicas, ni de raza, ni de religiones, ni de edad, ni de distancias. Puede surgir sin querer entre dos personas diferentes sin poder llegar a entender por qué, ni poder controlar el desenlace. Es así de vivo, de poético.

Es verdad que el amor duele. Es verdad que en el amor es muy difícil no hacer daño. Es verdad que el amor no es eterno y que sólo el alimento constante lo puede mantener vivo por más tiempo. Es verdad que el amor exige reciprocidad y suele ser egoísta. Es verdad que el amor puede dar miedo al cobarde o a quién prefiere no arriesgar y vivir resignado. 

Todos hemos sentido amor y sabemos lo bello de vivirlo. 

Tal vez porque sean estas fechas en las que uno se pone más sensible como Coach Emocional que como ese experimentado Coach Ejecutivo; tal vez porque uno tiene ese yo de bohemio poeta, más que del serio personaje que parece piedra. Tal vez porque me apetezca animar a las personas a relacionarse, a amarse sin barreras y a no desaprovechar instantes que emocionen y hagan sentir. Porque los momentos, instantes, pasan y se pierden como los años y la vida.

Así que, si no habéis visto todavía Love Actually, estáis perdiendo el tiempo. Y eso sí... a amar.

Feliz noche y Navidad...

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