domingo, 22 de noviembre de 2015

22.11.2015... Como pasan los días...!

Todo en exceso cansa, puede llegar a sentar mal o, simplemente, se puede convertir en algo perjudicial para la salud. Era uno de esos sabios consejos que escuchábamos de pequeños y que ahora, algo más mayores, somos nosotros mismos los que no dejamos de repetir. Unas veces a nuestros pequeños, pero otras muchas a nosotros mismos.

He salido de viaje, de dos a tres días por semana, en las últimas tres. Viajaré, nuevamente, las próximas dos. Todo por motivos laborales y, aunque uno siempre encuentra momentos para un paseo, para salir a correr por esas calles nuevas, o para compartir con amigos, se provoca una desorganización en mi vida que desequilibra ese pequeño universo ordenado en el que vivo. Pasan los días, las semanas, como sin darme cuenta de ellos. Se amontonan las ideas, los proyectos, las lecturas, las escrituras y los papeles que despachar u ordenar. Se acumula el cansancio.



Por eso llego al fin de semana con la lengua fuera y con ese deseo de sentarme en el sillón a meditar, a pensar, a garabatear o leer cualquier cosa ajena a lo laboral.

Esta mañana corrí con C nuestros 15.5 km que nos llega en ese camino que tantos secretos guarda de nosotros. Hacía frío. Creo es el primer domingo frío del otoño y el viento nos buscaba de cara, recordándonos que se acerca diciembre. Conseguimos algún instante de sol pero, sobre todo, conseguimos ponernos al día de nuestras vidas, de nuestros pasos, como esas zancadas que nos hacen sentir que algo más arriba nos cuida, mientras acariciamos con nuestro sudor la verdosidad de las faldas del Cerro de los Ángeles.

Es en esos momentos, entre conversaciones varias, en los que surgen tantas y tantas preguntas, tantas y tantas dudas. ¿Pero todo esto que hacemos, pero esta vida que llevamos, merece la pena? ¿Cuánto va quedando en el camino sin hacer?

De verdad que ahora, cuando me pongo otra vez a preparar la semana, a pensar el agitado día a día, es cuando vuelvo a ser consciente de que los buenos momentos siempre duran menos que los malos o incómodos.

Ha sido una semana especialmente dura. El viaje fue peculiar y me hizo reflexionar sobre ese lugar en el que debe estar cada uno. Todos tenemos el nuestro y a veces las circunstancias cambian. Cuando cambian las circunstancias a lo mejor ese lugar que creíamos nuestro, deja de ser.

No sé por qué, o sí, en los últimos tiempos la vida me tiene tan alterado como preocupado. Hay quién me dice que es como si hubiera envejecido de repente; como si esa vida mía se me fuera a terminar mañana y quisiera hacer todo como si me faltase el tiempo.

Y tal vez sea así ¿quién lo sabe?

El caso es que ando de un lado a otro, como correteando. Pongo los ojos en un proyecto o varios a la vez, pero sin entretenerme en ninguno demasiado. Escribo deprisa, me dejo versos inacabados o reflexiones e ideas confusas en frases que cuando recojo ni siquiera yo mismo entiendo.

La vida es todo lo larga que queramos. Podemos vivir eternamente como muertos o disfrutar de este momento como si fuera el último.

Tal vez este sea el pensamiento que me recorre últimamente: disfrutar el ahora.

Y tal vez sea un buen pensamiento para terminar esta semana, antes de que la siguiente me lleve en volandas, nuevamente, sin darme cuenta de ello.

Dejo unos versos, de esos inacabados, encontraré su final. Surgieron en la tarde de ayer como si nada pero que, como siempre, tienen su por qué y su esencia de ser.

Como uno llega
al caciquismo de los cincuenta
tras no sé cuántas guerras
declaradas, perdidas o ganadas.
Indistinto e insensible
para muchos,
emotivo y sensible
para otros.
Tarde en lo importante,
está pero no estuvo,
amante de lo ajeno
poeta de la nada.
...
(... continuará)


1 comentario:

  1. Creo que te gustará, ahora que has entrado en la fase del "fast gualkin"(yo me resisto, pero reconozco que cada vez combino más):

    http://blogs.uab.cat/estelasenlamaramenos/2015/12/06/regalo-de-adviento-cernuda/

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