domingo, 15 de noviembre de 2015

15.11.2015... ¿Tercera Guerra Mundial?...

Vuelta de Minaya. Vuelta de ese lugar que absorbe versos como gotas de agua caídos del cielo. Ese lugar que me permite perder en pensamientos, a veces vagos otros llenos de misterio. Ese lugar en el que prima la familia sobre todas las cosas. Esa isla manchega mía, con sus olores y sus cielos, con sus pausas y sus sueños.


En Minaya, curiosamente, todo es como es, no hacen falta filtros. Echaba de menos su olor, mi campo, mis cielos. Tenía deseo de desconexión.

Esta mañana, por ejemplo, una niebla densa inundaba el campo. Parece todo tan diferente que hasta los sueños son despiertos.

Vuelvo recuperado. Termino la semana cansado, pero enérgico.

Ha sido un fin de semana entre libros y esa música que gracias a Ismael Serrano, se ha convertido en su banda sonora. 




Pero el terrorismo ha marcado cada conversación. El brutal terrorismo con el que nos acostamos el pasado viernes y que ha azotado, esta vez, esa poética ciudad francesa que es París dejando a su paso 130 muertos y más de 300 heridos.

¿Terrorismo? Guerra Mundial.

A principios de este año, exactamente el 11 de enero, escribí por aquí, una entrada que titulé '11.01.2015... ¿Islamismo, Terrorismo... Tercera Guerra Mundial?' (leer aquí). 

Entonces, entre otras reflexiones sobre el Islamismo, vine a hacer la siguiente afirmación:

"¿Vivimos sin darnos cuenta el inicio de una Tercera Guerra Mundial? Podría ser. Unos fanáticos, en nombre de su dios, Alá, quieren doblegar al resto del mundo. A esto le podemos llamar terrorismo, fanatismo o, cuando se globaliza: guerra mundial." 

Una opinión que en aquél entonces, fruto de la rabia, humildemente, no tenía más trascendencia que ser el pensamiento de alguien que anónimamente, aunque desde un soporte público, dice lo que piensa.

No es terrorismo. Es una Guerra, organizada, planificada desde el odio contra Occidente y todos aquellos que no practican una determinada religión. 

La historia es la historia y esto puede sonar a aquellas cruzadas o batallas o guerras o asesinatos en nombre de Dios, del cristianismo. Guerras eran, guerras son. Ahora con unos elementos mucho más sofisticados y, mentalmente, peligrosamente radicalizados.

Ayer el propio Papa Francisco hablaba, tras condenar los espeluznantes hechos, de 'Tercera Guerra Mundial a trozos'. 

Y lo es.

Es una realidad que no debemos dejar pasar: es una guerra globalizada. Una amenaza a toda la humanidad, a toda la civilización.

Una guerra en la que los enemigos, el ejército invasor, puede estar ya conviviendo junto a nosotros sin ningún tipo de problema, con sus derechos y garantías igual que el resto de ciudadanos libres, sin generar ninguna sospecha entre nadie. 

Hay que comenzar a llamar a las cosas por su nombre. No valen ambigüedades. No se trata sólo de "extremistas violentos", aunque lo son. No son sólo "terroristas", aunque también lo son. 

Lo que sí son es auténticos islamistas radicales que se inspiran por su propia interpretación de la religión, sin importarles lo dañina que sea. Gritan 'Alá es grande', antes de matar. Creen en la jihad como una forma legítima de violencia. Su única aspiración es llegar a un lugar prometido en el cielo como "mártires". Y creen que están cumpliendo con la voluntad de su Dios.

Y esto no es lo más peligroso en un conflicto de este magnitud. Lo más peligroso, además, es que su mejor armamento son ellos mismos y su fin: morir por Alá haciendo el máximo daño posible. Y el resto, que somos todos, sus enemigos, somos absolutamente vulnerables y no sabemos, ni estamos unidos, para combatirles.

Sinceramente a uno se le ponen los pelos de punta reflexionando sobre esto. Es preferible ni pensarlo, pero hay que hacerlo. 

En momentos así tal vez hecho de menos, en un país como el nuestro, España, mucha más unidad, mucho más sentido de ese patriotismo como el que vemos, por ejemplo, en estos días, en Francia o como el que se ha visto, en hechos parecidos a este, en otros países.

¿Alguien se imagina, en España, tras los innumerables ataques que hemos recibido, salir todos de un campo de fútbol, o de una estación de tren, de una ideología u otra, tarareando el himno de España? ¿Alguien se lo imagina? Yo, desde la tristeza, no. Aquí, en nuestro país, en España, algunos muchos cuando suena el himno español lo pitan. Ejemplo de estupidez y falta de valores.

Vivimos un problema de extrema gravedad, para que algunos otros sigan perdiendo el tiempo mirándose su ombligo nacionalista.

Llegados aquí, a este final de domingo, comienzo a repensar una semana que tendrá su importancia profesional. Los proyectos van y vienen, sin tiempo de parar a pensar. Al menos uno va hilando de aquí y allá, convirtiendo los espacios en ilusiones y los pensamientos en emociones.

Feliz semana.

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