domingo, 13 de septiembre de 2015

13.09.2015... Shaná Tová amigos!

Estoy en la terraza mirando un cielo surcado por nubes, recibiendo un viento que nos llega algo fresco pero, fundamentalmente, agradecido por el momento. Termino una semana de tremendo trajín. Una semana en la que hasta ayer, pocas veces me había parado a disfrutar, a ser consciente con verdadera gratitud de lo que estaba haciendo.

¿No es demasiado triste vivir constantemente así, con prisas? ¿No es demasiado triste no disfrutar de los pequeños momentos, de los sencillos placeres, que la vida nos ofrece cada día y nosotros dejamos pasar despreciando no sólo el instante sino, algo peor, el tiempo?



Hoy es un día con un significado especial para mi. Para mi y para todos aquellos que tenemos un sentimiento de ser judío, que amamos la cultura judía como esencia de nuestra vida y, sin lugar a dudas, para todos los judíos. 

Hoy termina el año judío y en unas horas comienza el Rosh Hashaná, el nuevo año. Hoy es domingo 29 Elul 5775 y mañana será día 1 Tishrei 5776, primer día del Rosh Hashaná. 

Para los judíos la traducción literal no es 'Año Nuevo' sino 'Cabeza del año'. Como todos sabemos, la cabeza nos controla; controla todo nuestro cuerpo, desde los movimientos a nuestros pensamientos más profundos. Todo comienza en nuestra cabeza y, como he escrito y suelo decir en muchas ocasiones, nuestra cabeza es capaz de hacernos sentir de una u otra manera, de ver las cosas en positivo o en negativo; la cabeza impacta en nuestra forma de ser y, también, en nuestra salud.

Por eso para los judíos, en su calendario, Rosh Hashaná es la cabeza del año. A partir de este día, de mañana, se comienzan a definir todas nuestras acciones, nuestros pasos y movimientos, nuestro éxito o fracaso para el resto del año.

Como decía anteriormente, mi semana, de lunes a viernes, fue tan rápida que, además de terminar agotado, me di cuenta, tras acostarme el viernes, que no había sido capaz de disfrutar de ningún momento. Todo carreras, idas y venidas, posibles proyectos, resolución de problemas y demás cuestiones que, de seguro, podía haberlas hecho de una manera más tranquila, siendo consciente plenamente de cada movimiento y, sobre todo, tratando de disfrutar de cada momento.

Me levanté ayer sábado pronto. Tomé una de esas decisiones acertadas: bajar a Minaya. Más que una decisión era una necesidad. Todos dormían y los inicios de curso traen consigo preparativos varios. Dicho y hecho. Tomé café, cargué el coche con música tranquila, de esas que te permiten pensar y dejar volar tu imaginación mientras vas contemplando los paisajes manchegos y, en poco más de hora y media, estaba respirando ese aroma a nuestro campo.

No estuve mucho tiempo, pero sí el suficiente para disfrutar de lo simple, para respirar esa belleza que sólo apreciamos algunos, para merodear por mi casa, acariciar mis libros y colocar otros. Llovió un poquito y me senté en el porche a contemplar esa lluvia, cómo el agua bañaba el pequeño huerto y que de seguro lo agradecía.

La parra ha dado sus primeras uvas. Dos pequeños racimos que parece los pájaros decidieron dejar para que los pudiera acariciar. La higuera, pequeña también, está repleta de higos. 

Con la tranquilidad de quién no desea más, caminaba de un lado a otro, paseando, pensando, disfrutando de esos instantes que luego, en la capital, en el día a día, soy incapaz de disfrutar.

La casualidad hizo que mis tíos anduvieran por el pueblo y que, además, mi primo C hubiera elegido el fin de semana para acercarse. 

- Te quedas a comer.
- Pensaba marcharme tranquilamente y picar algo por el camino.
- Para nada, cuando comas te vas.

Pues sí, es verdad. ¿Por qué no? ¿Por qué desperdiciar un feliz momento con la familia? 

Así que, tras una entrañable comida familiar, con mis tíos y primos, frente a una tortilla de 12 de huevos y demás guisos manchegos, en aquel que era el patio de los abuelos, reformado y modernizado, tan agradable como siempre, en aquellas mismas sillas en las que se sentaban ellos, volví a Getafe como ese al que le dan una limpieza de cuerpo y el mente: limpio de esa ansiedad y prisas que yo mismo me provoco. 

Esta mañana la he pasado reflexivo. Salí a correr un poco antes de preparar la comida a mi familia, tranquilo, con un ritmo solitario que me ha permitido ir dando vueltas y ordenando todas esas cuestiones y decisiones que en esta semana debo acometer. Pero sobre todo, de verdad, iba pensando sobre lo necesario que se hace que cambie. 

Acostumbro a escribir y aconsejar sobre los cambios, la dificultad, la decisión y la oportunidad. Debo cambiar. Y debo cambiar, fundamentalmente, por mi. Debo cambiar mis hábitos, debo cambiar mis aptitudes, mis emociones y, sobre todo, debo cambiar esa autoexigencia continua. Y debo hacerlo por salud, fundamentalmente, por salud.

Hoy, como he dicho, víspera de Rosh Hashaná, es un buen día, no sólo para proponérselo sino para comenzar a hacerlo.

Si reconocemos que tenemos malos hábitos, que nos están llevando a no vivir tan plenamente como deseamos, por qué esperar más. Nunca va a ser el mejor momento: cambiemos hoy.

Debo desarrollar y escribir hacía dónde quiero ir a partir de ahora; mis metas y qué voy a hacer cada día, cada semana, para conseguir alcanzarlas. Visualizar que obtendré tras el esfuerzo o sacrificio que haga hasta conseguir el objetivo. Y, sobre todo, debo comenzar a perdonarme un poco más los errores y bajar el listón. Con casi 50 años ya no tengo que demostrar a nadie nada, tal vez, como mucho, a los más importantes: familia, amigos y a mi mismo. 

El nuevo año judío se comienza limpio. Hoy es un día de introspección, de análisis y de compromiso de cambio.

Y para terminar este día, y semana, os deseo a todos, Shaná Tová

Shaná Tová no quiere decir 'Feliz Año Nuevo' sino que su significado es un deseo de un año bueno, lleno de significado y propósitos porque así, de seguro, la felicidad llegará a continuación...

Shaná Tová 5776 amigos...

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