domingo, 2 de agosto de 2015

02.08.2015 De chiringuito y michelines!!!

Uno goza de esas curvas que con los años y los excesos casi todos, que no todos, tenemos. 

Mi hijo que, en esa adolescencia corporal, descubre en verano que no le acompaña ni un solo gramo de grasa, se mete conmigo y me invita a restringir estos días mis cañitas para que desaparezca lo que él denomina 'barriguita'.

Entonces tengo que explicarle, sin éxito y como excusa, que uno pasa por peores épocas que otras, que subo y bajo de peso depende del momento y el deporte, y que las preocupaciones también engordan. Lo cierto es que siempre trato de no pasar ese límite. Sé que el día que me deje llevar me será difícil volver. 

Aun así reconozco y sé cual es la fórmula para mantenerse en forma sin más esfuerzo que la disciplina. No hace tanto tiempo lo llevaba a rajatabla. 



Cuando uno viene a la playa suele ponerse, para lucir esa tripita o barriguita, -que no es más que eso y que pretende ser pasajera- cercano ya a los 50, bañadores adecuados y camisetas que esconden los confiados michelines.

Me siento plácidamente, con la prensa y algún libro, a tomar una coca cola (¿light, zero, zero sin cafeína, light con cafeína?) en uno de los chiringuitos cercanos y es cuando comienzo a contemplar a todos esos felices sin complejos.

Gentes de bien que, con sus bañadores ajustados y sin prendas que escondan, dejan al público su exhibición de carnes prietas amplias. Inmensas circunferencias corporales que de seguro trabajadas por una vida fuera de todo control. 

Muestran su felicidad flácida y dorada, ríen de todos aquellos que están pendientes de la báscula y del gramo.

Son esos que bajo sus barrigas aprietan unas riñoneras en las que guardan su móvil de última generación, su cartera, sus llaves y un sin fin de artilujios con los que bajan a la playa. Son esos que visten el mismo bañador aquí entre la arena que  en el Mercado o en el bar de la esquina; esos que saben que la vida es para comérsela y bebérsela porque es lo que uno se lleva cuando se va.

Entonces, en esta mística contemplación, pienso en mi y en este año de abandono físico. En las preocupaciones que me acompañan, en las tensiones, las ansiedades y los excesos; también pienso en los sudores que dejo en las calles al menos tres veces por semana cuando salgo a correr. Es en ese momento en el que retiro la coca cola, llamo al sudoroso camarero que aguanta nuestras estupideces veraniegas, y me pido una cañita fresca, helada, a la salud de la vida.

Y claro que sí

4 comentarios:

  1. La playa es un lugar en el que uno recupera la autoestima. Acostumbrado a ver modelos en las revistas y famosos delgadísimos por doquier, llega a la uno a la playa y ve gente normal y corriente, con sus michelines y sus curvas costosamente acomodadas en el bikini y se va sintiendo mejor por momentos. Si resulta que estoy estupenda! Dí que sí, aprovecha la cañita.

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  2. Alba Coello4/8/15 1:18

    Soy lectora de Andrés Trapiello y para mí ha sido una gran noticia descubrir este maravilloso blog a través de su grupo de lectores en Facebook. Gracias.

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    1. Gracias Alba. Bienvenida por este rincón. Un saludo.

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