miércoles, 29 de julio de 2015

29.07.2015 Ansiedades literarias!

Las cosas se escriben cuando se piensan. Lo pensado y no escrito se pierde. 

Parece que hay momentos en los que los temas comienzan a torcerse de tal manera que no sabemos hacia dónde van.

Es en ese instante en el que no somos capaces de visualizar el final del camino porque todo comienza a girar como una espiral sin fin.





En días de bajón cada uno tiene sus salidas o entradas, sus manías. Lo mío siempre ha estado muy claro: visitar una fantástica librería -siempre coincide la misma, Antonio Machado Círculo de Bellas Artes-, acariciar algún libro y adoptarlo furtivamente, un gin solitario en la Taberna el Rincón de Jose, unos kms running de castigo por el gin y acompañarme de mi casa que, a fin de cuentas, es mi muralla frente a lo externo.

Hoy, pre vacaciones de verano, pre mucho o pre poco, me he excedido en la adopción literaria. La verdad es que a veces, casi siempre, prefiero evitar búsquedas infructuosas y relajar en mi biblioteca el deseo. 

Me gustó mucho el artículo de Virginia Galvín, en su blog, donde describía las librerías como un templo sin confesionario. Lo comparto en parte. Una buena librería tiene su confesionario, claro que sí. Un confesionario literario en el que ese atento encargado, que te escucha y recomienda, en vez de penitenciarte con un padrenuestro  por esos pecados tuyos, te encomienda la placentera penitencia de las lecturas adecuadas. Y sales con tres libros más que no pensabas comprar. Eso me ha ocurrido hoy. 



La verdad es que ha sido de esos días en los que no he hecho más que pensar en qué hago politiqueando tanto tiempo, año tras año,  si de lo que realmente disfruto es del olor a tinta, de la escritura de la vida o la vida escrita, del respirar ese oxígeno que es la poesía y arte. Sólo puede tener un sentido: que lo que aprendo, conozco y sé por dentro, por esas entrañas,  algún día sea excusa de esa épica novela o libro en el que ponga en valor a los buenos, que son la mayoría, y aquellos que creyéndose buenos ahora, realmente se conozca y reconozca su maquiavélica maldad.

Qué hago siempre desgastando un tiempo novelesco en conseguir equilibrios políticos anónimos, acciones desconocidas y sin más valor que el propio, única y exclusivamente para que no le importe a nadie.

Uno vive más novelas de las que lee porque un día decidí que, la novela que leería tras Los Pilares de la Tierra, sería la mía. Desde entonces no termino ninguna.

Está claro que la ansiedad me ha acompañado todo el día. La ansiedad es ese estado que viene generado normalmente por un contratiempo y que te agarra el estómago hasta retorcértelo. 

Cuando tienes esta sensación, en mi caso, coach y especialista en Inteligencia y Liderazgo Emocional,  trato de buscar esos consejos que yo doy a las personas que atiendo. Me pongo en su lugar y busco el significado en situaciones así. 

Es muy difícil que, ante noticias negativas, no te remuevas. Trato siempre de dar esa imagen, buscar el extremo contrario, lo positivo, pero el interior no te lo permite. 

Es posible que si esas pocas personas, que se convierten en mis coachees  y asisten con paciencia a mis sesiones, sintiesen que soy un humano tan normal como ellos, que sufre cómo ellos y que de vez en cuando se bloquea cómo ellos, buscarían otro idealizado coach, con aire de dureza y resbalarle todo en la vida.

Pero como no es así, en mi caso, acabo de dejar mis miserias en los diez calurosos kilómetros que termino  por estas calles getafenses.

Ahora literatura y sueños algo más poéticos... Mañana será otro día.

1 comentario:

  1. Tranquilo, yo hace años que no leo novelas. Quizá quince o veinte. Lo intenté por última vez con el Quijote y no pasé de la mitad. Me entretenía leyendo los pies de página con discusiones filológicas o históricas. Se acabó. Es un género de otra época. Es mucho más interesante la vida de cualquiera. Además, lo difícil es la síntesis y para eso está la poesía. Para intentar algo realista, vayamos a la historia o a la ciencia. Para darle la vuelta a las cosas, el ensayo. Para ver los errores del otro, la biografía o las memorias (lo malo es que todas son falsas). Bueno, en fin, pero respeto a los que leen novelas (y que conste que había leído muchas en mi juventud. Quizá de la que tengo un mejor recuerdo es Tiempo de silencio o algún cuento de Cortázar. El Jarama también me hizo pensar.

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