sábado, 18 de julio de 2015

18.07.2015 ...Cuestión de ilusión.

Ayer tarde estuve visitando el espacio empresarial, o centro de negocios, que en breve inaugurará un gran amigo. 

Lo vi hace meses, en su inicio, virgen y diáfano, antes de la adecuación,  y ahora lo he visto terminado. 

Desprende limpieza, calor, frescura, seriedad y modernidad. Pero sobre todo desprende ilusión porque,  al fin y al cabo, un espacio empresarial es un canto al emprendimiento,  a la ilusión por crear y generar vida, economía.



La ilusión es fundamental en la vida y, cómo no, lo es para cuando se emprende un proyecto, sea el que sea. Todo es cuestión de ilusión e ilusión es lo que no deja de desprender el alma máter, el creador de este espacio. 

He hablado innumerables veces por aquí de lo importante que es la ilusión y la aptitud positiva. No me canso de repetírselo a mis coachees ni me cansaré de escribirlo por aquí. Una vida plena es aquella que está acompañada de ilusión por algo, por lo que sea, y si le unimos  una aptitud positiva es invencible. Ilusión y aptitud, cualidades necesarias para enfrentarnos con garantías a cualquier reto que nos pongamos u obstáculo que nos aparezca.

Es cierto, hay personas que están totalmente inmunizadas a esos vampiros negativos que pululan por ahí, esos que revolotean desanimandos y amargados tratando de contagiar su aptitud negativa al resto.

Hay personas que simplemente ven la vida como una oportunidad, que tratan de vivir el momento y, simplemente transmiten sus emociones al resto. Estar cerca de personas así es un privilegio. Contagian esa energía.

Nada es fácil y todo, por mínimo que sea, requiere de esfuerzo y sacrificio. Pero todo es más fácil si la aptitud es positiva.

Si quieres conseguir algo te tienes que arriesgar, no hay otra forma de llegar. Saldrá bien o saldrá regular, pero si no saltas jamás sabrás cómo caerás. Y si caes mal, pues a levantarse otra vez.

Luego vendrán aquellos que si sale bien dirán o creerán que todo es suerte o un regalo, que no cuesta nada; o esos vampiros fumados que, si ha ido mal, escupirán sus famosas perlas: "ya te lo decía yo".

Pues yo no digo más que personas con mentes así, emprendedoras, ilusionadas, con una aptitud siempre positiva, dispuestas al riesgo, aportan valor en todo y a todo. Personas así son las que se necesitan y no tanto ñoño o quejica o vividor de la subvención y el cuento.  Quién no lo entienda, pues eso, que siga disfrazado de vampiro chupasangre.

Asistir a un proyecto que nace siempre es asistir a una nueva ilusión.

Y ya es un éxito.

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