domingo, 31 de mayo de 2015

31.05.2015... Tendinitis política...

Llegamos al fin de la semana y al fin de este mes de mayo. Un mes bastante movido, denso, intenso y, en parte, emocionante. 

Esta mañana intenté salir a correr. Llevo toda la semana con molestias en el talón derecho pero la cabezonería, propia del carácter, y el deseo de despejar la mente me hacen poner las zapatillas y lanzarme bajo ese magnífico sol por esos caminos, que todavía guardamos en Getafe. Hoy ha sido imposible. Al tercer kilómetro la sobrecarga y el dolor era insoportable. 



He hecho lo que debía haber hecho el último día que salí: pararme, mirar al cielo, disfrutar del día y volver tranquilamente caminando. ¿Para qué coño forzar? Está claro que tengo una tendinitis, algo que pasa habitualmente a esos que de vez en cuando nos calzamos las zapatillas, y es mejor parar unos días hasta que pase. Así que este domingo no ha sido muy deportivo que digamos.

Así he aprovechado para leer la prensa tranquilamente y el estudio. 

En prensa seguimos con la resaca electoral y los análisis de unos y otros. Algo de sobre carga. En este caso no muscular, pero sí podríamos denominar algo así como tendinitis política.

Unos cantan la victoria que no han conseguido y otros, los míos, parece estamos noqueados sin tener muy claro hacia dónde ir.

Estoy dejando tiempo a los sabios. Prefiero ni cargar ni cargarme. No quiero dar todavía mi opinión, aunque sólo me escuche yo, ya que creo vivimos momentos importantes y todavía de relevancia. Hasta la constitución de los ayuntamientos y las comunidades, en las próximas semanas, de pactos y no pactos, no sabremos realmente cómo quedará el mapa político español.

Es verdad que no podemos estar como estamos, mirándonos el ombligo y sin hacer unos cambios que ya que no los hicimos antes, debemos hacerlos con prontitud. Es verdad que no hay que hacer las cosas a lo loco, que primero debemos tener una dirección, saber a dónde vamos y tomar aquellas decisiones que nos garanticen la consecución de unos objetivos claros y concretos.

Hemos estirado demasiado la cuerda y se ha roto. Es como la tendinitis: si no paras terminas con una lesión mayor. Hay quién se había tapado los oídos y no quería escuchar lo que los ciudadanos nos estaban exigiendo a nivel general. Y ahí está el resultado. 

Aun así estas elecciones han vuelto a ser muy localistas. El desgaste general, por un gobierno complicado en un momento complicado, estaba garantizado. Pero ha habido unos resultados localistas, personalistas.

Algunos se han sentido superiores al resto y, en momentos como los que vivimos, en los que la gran mayoría de la sociedad está cansada de ajustes, de recortes, de que sus hijos no encuentren trabajo ni puedan independizarse, de corruptelas varias, no admiten tonterías.

La primera lección que hemos recibido, o al menos yo lo entiendo así, es que hemos perdido el contacto con la sociedad 'normal', que son la inmensa mayoría. Nos hemos alejado. Ha dado la sensación de que vivimos en un mundo aparte. Nuestro lenguaje, nuestro discurso, no es el que desea escuchar el ciudadano de a pie. Nos venían avisando, no escuchábamos.

Los individualismos y yoísmos dejaron de funcionar hace tiempo en política y, si me apuras, en todos los ámbitos de la vida. Los yoísmos son tan peligrosos como que muestran a personas de alta prepotencia y escasa sensibilidad por el resto: personas cactus, pinchan. Y esto, en algunos lugares, municipios y regiones, ha quedado patente.

Demasiadas decisiones equivocadas. Demasiada gestión sin explicar. Demasiada tecnocracia y poca política.

Un error de táctica es estar continuamente subestimando al contrario, creyéndote superior a él. Normalmente se cae en este error por dos motivos: por exceso de poder, por no haberte costado nada lo que tienes o por complejos.

Y sí, opinaré: como militante, como dirigente y candidato que he sido -con mil errores y algún acierto-   y como alguien que cree y sigue creyendo en un proyecto que se llama Partido Popular, al que le debo mucho y por el que he dado y seguiré dando mucho y del que formo parte. Opinaré en el momento que crea debo hacerlo. Y ahora no es el momento. Ahora es el momento de dejar hacer.

Sólo me preocuparía una cosa, siempre me ha preocupado: la cobardía. Ganar sabemos todos, se nace sabiendo; a perder se aprende, es más difícil. Un hombre es aquél que sabe perder y muestra su grandeza asumiendo su derrota.

La diferencia de ser ganador a perdedor es muy grande. Tan grande como esa grandeza que tiene el saber perder.

Llegar a ganar con el esfuerzo de los demás, como un regalo, es algo fácil y estupendo. A todos nos gustaría, pero no todos somos los elegidos para ello. 

Perder tras demostrar un esfuerzo, sacrificio y trabajo, es una lección que sólo algunos saben apreciar. Los que nos hemos acostumbrado a ese esfuerzo y trabajo,  perdiendo, una pequeña o mínima victoria, nos parecía como ganar una gran guerra.

Aquellos que ganan sin sudor ni sangre, una mínima derrota les supone la vergüenza de haber perdido la guerra.

Y vamos con algo de poesía...

A por la semana y el mes. A mejorar la tendinitis muscular y... política.

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