domingo, 3 de mayo de 2015

03.05.2015... Instantes de campo, momentos de pueblo!

Hemos vuelto de Minaya y parece nos hemos renovado. Volvemos con el mismo cuerpo, con los mismos achaques o dolores, que el tiempo va produciendo en los huesos, pero con la mente limpia y ajena a pensamientos que nos tensionan.




Vuelve uno pensando que hacemos nuestra vida, nuestro camino, más difícil de lo que realmente es. Somos nosotros, con nuestros hechos, con nuestros pensamientos, los que provocamos muchas de las dificultades que debemos ir superando. Allí, en el campo, en estos días pasados, te das cuenta de lo poco necesario para mantener una mente realmente en equilibrio con el espíritu.

Hemos llenado el tiempo de momentos. 

Llegamos el jueves cuando el sol se ponía allá por la 'casuta' y en esta tarde del Día de las Madres, ya escribo en mi sillón, escuchando otros ruidos que avisan que mañana volvemos a la mundanal existencia. 



Tal vez volvemos a encontrarnos con lo que queremos encontrarnos. Tal vez no sepamos vivir sin todas esas ocupaciones que nos llevan en volandas por la vida sin darnos tiempo ni siquiera a pensar.

Hemos estado arreglando el pequeño huerto. Lo mejor sería decir que lo que yo he hecho ha sido acompañar a mi padre en el arreglo del huerto. Plantación de tomateras, pepinos, melones, pimientos y alguna sandía que esperamos agarren en esa tierra, que provocará en unos meses el nacimiento y el gusto de la esencia del campo. 



Realmente es una maravilla y todo un ritual introducir la pequeña planta en la tierra, taparla con cuidado y mimo, regarla un poco e ir comprobando día a día si ha sobrevivido y crece.

Mis libros, mis paseos por los caminos, mis reflexiones y sentimientos y, sobre todo, la familia. Es curiosos cómo la familia nos provoca seguridad. Es curiosos cómo ese contacto con los tuyos te provoca el olvido, también, de las preocupaciones. La familia es la Familia.

Ahora aquí, mientras pienso en organizar la semana, lo veo todo de otra manera. Viene uno como con nuevas ideas y proyectos, como si fuese ese primer día del año. Viene uno pensando en el tiempo que pasa, en la vida que se va y no vuelve, en lo que desperdiciamos.

Necesito cambios en mi, lo noto. Necesito cambiar hábitos y comenzar a vivir más plenamente de lo que vivo actualmente. No soy como el resto. No puedo dejar que me lleve esa corriente que arrastra a la mayoría hacia no se sabe dónde.

"La vida se acelera a cierta edad, o eso me parece, ¿será la gloria está velocidad?..." escribía el maestro Umbral. Todo se acelera en estas edades. Se acelera también el tiempo, que pasa veloz si no nos permitimos estar en este presente.

En Minaya parece que todo es distinto. Amas más cada instante, detalle y persona que tienes cerca de ti.

El hecho de respirar es tan diferente como descubrir cada estrella en la noche. El canto de los pájaros, las mariposas o cualquiera de esos insectos que en la ciudad parecerían peligrosos, aquí te dan ganas de abrazarlos.

Todo es diferente en el campo, en el pueblo. Todo es tan diferente que te marchas jodido, pensando en volver otra vez porque parece se convierte en la mejor terapia para tu corazón, tu mente, tu vida.

Todo es perfecto cuando somos conscientes de ello. 
Ahora, en el instante. El sol que va bajando abrazando el campo, los pájaros que se despiden con sus cánticos, la sombra del almendro sobre las matas de tomates recién plantadas.

Luego será otra cosa. Ni mejor ni peor que ahora, simplemente que ahora es ahora.

Estas sensaciones, estos momentos, instantes, son los que se viven si somos capaces de parar, de abrir nuestra mente al presente, al momento.



Y ahora, este ahora en el que escribo y recuerdo, no es el ahora del ayer, es otro ahora, diferente.

A por la semana.

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