domingo, 20 de abril de 2014

20.04.2014... Resurrección...



Son las 9 h. El día ha amanecido con sol pero arropado por un viento fresco. Escribo estas líneas en este rincón de Minaya. Por la ventana el campo, los pájaros revoloteando alegres. Marcharemos luego y volveremos a esa rutina que nos hemos creado.
Ayer volvió a ser un día familiar, como antes de ayer, como todos. Hemos conseguido encontrarnos todos en estos días. Unos unos días, otros otros. Todos unidos en un punto de encuentro al que siempre volvemos.
Anoche terminamos el día con un pequeño susto. Cuando salí a la calle, en la puerta de casa, me encontré con una de esas culebras de campo, largas y color tierra, mirándome y sacando su lengua como molesta por verme. De momento me asusté. Se quedó quieta.

 Llamé rápido a Alex y a sus primas. Había cruzado del campo y bordeaba mi casa por la acera hacia la otra parcela deshabitada. Por allí pasaron algunas personas que me instaron a matarla. Mi respuesta siempre fue la misma: ¿por qué? Tampoco nos estaba molestando más que el susto del encuentro. En cuanto llegaron los niños volvió a mirar fijamente y veloz, huyó a esconderse entre las hierbas del campo, de su hábitat. Una bonita anécdota para terminar un magnífico día.

Rápido nos acostumbramos a lo bueno. Queremos estar viviendo siempre buenos momentos, instantes de plenitud que nos generan una felicidad que tan sólo es momentánea. Nadie es feliz completamente siempre, a cada instante. No lo creo. Porque nadie puede ser ajeno a los problemas de los demás aunque él crea o piense que no los tiene. Tener problemas y despertar cada día con la ilusión y el ánimo de superarlos también es un signo de equilibrio.
Hemos pasado unos días fantásticos. No recuerdo haber tenido unas vacaciones de Semana Santa así, en Minaya,  desde hace muchísimos años. Ahora, es cierto, las cosas son distintas, buscamos otro tipo de tranquilidad, volvemos a esos pueblos que algunos antes despreciaban como rincón que nos genere, más allá de nuestro encuentro con lo nuestro, paz y tranquilidad.
Se ha pasado el tiempo sin darnos cuenta. Parece que el día es largo pero cuando nos dábamos cuenta había volado junto con las charlas, las sonrisas, esos cielos azules y un sol engrandecido.
En Minaya todo es sublime, lento, poético. Despertar y levantar escuchando el canto de los pájaros que inundan el tejado; tomar café sin prisa, porque nadie la tiene; oler el campo, pisar la tierra húmeda de la mañana; quitar unas hierbas que sobran, plantar unos tomates; tomar un vaso de vino con un pedazo de queso y pan de ese que solo es miga. Charlar con la gente en la calle, en la panadería, en el bar. Ya no se habla con nadie, en la ciudad vamos a lo nuestro. Aquí es como si el tiempo no corre, anda despacio.

Aquí el sol sale inmenso y se despide como si fuera Dios el que nos avisara desde el cielo para mirarle y agradecerle todo. No hay momento más bello que salir al camino, a eso de las 20.30 h y contemplar la puesta de sol sobre los trigales. Respirar, llenarte de oxígeno, dar gracias y volver a casa dando un paseo.


Hoy termina el Domingo de Resurrección, importante fecha para el cristianismo católico. El significado pleno de la religión cristiana. Cristo resucita y vence la muerte. 
No es momento de nuevos propósitos y objetivos, es un momento de renovación, de volver a ser, de esa resurrección personal. Vivir ese momento que nos invita a dejar atrás nuestras miserias y comenzar en una vida plena, una vida de encuentro.
Todos deberíamos analizar nuestras vidas y recoger el guante de la renovación. Nunca es tarde y Él siempre está ahí para indicarnos el camino. En estas fechas muchos salen a las calles y muestran con fervor y alegría su 'fe' al paso de las procesiones. A los pocos días todo se olvida. Las procesiones son imágenes, cultura, simbología, tradición y, por qué no decirlo, comercio para atraer en unas fechas el consumo. Pero Él resucitó para indicarnos que está ahí, que no se fue, que podemos seguir el camino, su camino. Que más allá de esa institución que es la Iglesia, con sus más y sus menos, la palabra está en la Biblia que es el camino, que es Él.

En lo literario han sido unos días tristes. Se ha ido otro grande de la literatura: Gabriel García Márquez. Cuando leemos noticias así, aquellos que gustamos de la buena letra, pensamos que son pocos los que quedan. Ya no hay grandes escritores significados, tampoco músicos ni artistas. Lo comercial ha vencido y lo comercial convierte en mediocre al artista.

Mañana ya al día a día, otra vez, con ese deseo de volver cuanto antes.

2 comentarios:

  1. Juan Manuel21/4/14 2:14

    En buen sitio has sabido instalar tu mesa. Para escribir, leer, y meditar mirando ese espacio exterior que te reconfortará.
    Un saludo

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    1. Siempre agradecido de tus comentarios amigo Manuel.
      Un saludo

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