sábado, 15 de febrero de 2014

De 'decisiones divinas' o 'divinidades' varias...

Si uno tiene un momento, un instante de reflexión y pensamiento, casi siempre es en fin de semana, en días como este en los que despierta temprano, descansado, contempla un día gris y lluvioso que hace retocar los planes y decide que los mejores versos de la historia de la poesía se han escrito en días así.
Pensábamos bajar a nuestra casa del pueblo, sentir ese otro olor y ese otro viento que nos reconforta. Pero el día no ha amanecido apropiado: lluvia y frío. Ha sido la lluvia, principalmente, lo que nos ha retenido: recorrer 200 km con el asfalto mojado, para no poder, ni siquiera, salir a respirar el campo. Me he sentido cansado de este clima que nos acompaña pero, por otro lado, también he agradecido a Dios tener una jornada como esta, hogareña, en familia, repasando los acontecimientos de la semana; meditando sobre lo bueno y lo malo, reflexionando con uno sobre uno y los otros.
Ahora que termina el sábado, mientras escucho a Ludovico Einaudi y termino de leer las primeras páginas del libro recién publicado 'Francisco. Vida y revolución' de Elisabetta Piqué,   revivo esos primeros momentos de este Papa nuevo que nos revoluciona y despierta a esos cristianos dormidos por esa iglesia institucional que se alejaba de la esencia, merodeo también por mi semana.
Comencé el lunes en Lugo en unas jornadas sobre la Reforma de la Administración. Unas jornadas de un perfil crítico con la ley. Es difícil hacer leyes a gusto de todos. Cuando no se hacen se exigen, cuando se hacen se critican. Así somos.
De mi visita a Lugo, además del conocimiento de los académicos que participaron en la jornada, analizando y reflexionando, desde su punto de vista, sobre los motivos y consecuencias de la ley, me quedo con la experiencia política. No sólo charlé con diputados provinciales de mi partido sino que compartí tertulia y mantel con diputados provinciales socialistas y, concretamente, con el que es secretario general del PSdG, José Ramón Gómez Besteiro, actual Presidente de la Diputación de Lugo.
Y esta semana la política se convertía en protagonista de muchas de mis reflexiones. Por un lado desde el partido se señalaba a Juan Manuel Moreno, que conozco desde hace muchos años, como candidato a la presidencia del Partido Popular de Andalucia. La elección se hacía esperar. Era necesario, desde mi opinión, marcar al líder en Andalucía, una de las comunidades más importantes de España. Por fin se señaló a quién, desde mi punto de vista, estaba señalado desde hacía tiempo. Desde luego opiniones habrá sobre su validez o no, sobre si es la mejor elección o no. La verdad es que fuese quién fuese la persona, siempre tendría admiradores y detractores. A mi me gusta pero, cierto es, no es a mi a quién debe gustar sino a los ciudadanos andaluces que le han de votar. Algún líder de mi partido, como siempre, ha protestado por la presunta forma de 'elección divina'. Casualmente quién protesta ha sido protagonista, autora, de la mayor ejemplaridad de elección 'divina' o 'autoritaria' habida en una organización política, comenzando por la ciudad en la que vivo. Me cuesta pensar, a día de hoy, como estamos, que no haya 'dedos divinos' en las organizaciones políticas. Puestos a pedir, y exigir, por qué no, yo también reclamo que  existan y se provoquen elecciones internas libres desde la base, desde el ámbito local, en el Partido Popular. Pero entonces, claro, a lo mejor algunos se verían obligados a dormir en Getafe.


Y continuando la semana de politiqueo o 'divinidades', paso por mi ciudad, Getafe. Esta semana se ha convertido también en convulsa en lo que a política local se refiere. Pedro Castro, quién fue alcalde del pueblo durante cerca de 30 años, Presidente de la Federación Española de Municipios y abanderado del socialismo populista, se veía obligado a dimitir por ser procesado debido a una denuncia que interpuso mi partido, el grupo municipal del Partido Popular de Getafe, cuando todavía era alcalde, en el año 2009. No ha sido una noticia agradable, lo reconozco. No me es agradable contemplar la caída y humillación de ningún político, sea del partido que sea, por el motivo que sea. Al final el desprestigio es para todos, unos y otros. Pero en este caso el análisis es sorprendente ya que, en primer lugar, he vivido muy de cerca este caso y, por otro lado, es un final que muchos habíamos escrito: cuando se estira la cuerda demasiado o se rompe o se pudre.
Pedro Castro tuvo su época pero, como todo, las épocas épocas son. Pedro Castro se creyó necesario siempre, pero nadie lo es. Todavía me pregunto por qué siguió de concejal tras perder las elecciones. ¿Pensaba que le habían quitado algo que creía en propiedad? ¿Pensaba que podría volver? Curiosamente, por no marcharse a su debido tiempo, por no salir por la puerta de delante, ahora lo hace por la puerta pequeña de atrás, obligado y humillado. Más allá de las ideas, de la diferencia ideológica, me parece una noticia triste para la historia de Getafe.
Pero por otro lado debo poner en valor, porque otros no lo hacen, el reconocimiento al trabajo de oposición, de defensa de los intereses de los ciudadanos, del grupo de concejales del partido popular de entonces. Hacer oposición en municipios como Getafe, en años de mayorías históricas de la izquierda, no ha sido nada fácil. Mantener esos equilibrios entre la responsabilidad, la exigencia interna y la defensa de los intereses generales es muy complicado. Posiblemente sea la experiencia política que, en mi caso, más me haya enseñado y enriquecido. Creo que cualquier político que se precie, antes de tener cualquier puesto de responsabilidad en el ámbito que sea, primero debería de pasar por ser concejal en la oposición en un pueblo. Por eso creo que, independientemente de que no se debe echar leña al fuego, sí creo mi deber reconocer aquello que por muchos fue criticado y de lo que otros viven el resultado: la responsable acción de aquel grupo de concejales. Posteriormente, el tiempo que tarda nuestra justicia, las 'divinidades' habidas,  hayan conseguido que quién ahora viva el resultado no viviese ni las tensiones, ni los desgastes, ni el trabajo que costaba tomar decisiones así.
Y así es la política muy alejada siempre de... la poesía.

Y ahora escucho una maravilla de canción de Max Richter que se titula 'Vladimir's Blues', fuera parece ha dejado de llover, voy a volver a leer un poco antes de preparar la cena a mi familia mientras me tomo uno de esos vinos que guardo y que disfruto en noches así. Es verdad, no bajamos hoy a Minaya, no respiré ese ambiente frío con mezcla de olor a leña, tierra y piedra, pero he recuperado ese equilibrio que te da el calor del hogar. 
La vida es como es, como la hacemos. Nos viene, nos mira, se nos pone enfrente esperando que actuemos de una manera u otra. Son nuestras decisiones las que nos van marcando el ahora.

1 comentario:

  1. Estupefacto23/2/14 13:29

    Enhorabuena por tu artículo. Hay que tenerlos cuadrados para quejarse de lo del "dedo divino" cuando lleva usted toda la vida metido en el ajo, recibiendo dedazos: en el PP de Getafe, en la Dirección Gral de Infraestructuras educativas, en la de empleo, y ahora en la Fundación. Hay que tenerlos muy cuadrados para exponer tal grado de *****, enhorabuena por ello.

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