La memoria nos puede hacer infelices si no somos capaces de separar instantes y abandonarlos como no vividos.
Hay una frase que deberíamos repetirnos de vez en cuando: el pasado, pasado es. No podemos modificarlo. Podemos comprenderlo, aprender de él, pedir perdón por nuestros errores, perdonar a quienes nos hicieron daño y, si es necesario, llorar aquello que perdimos.
La lucha de pensamiento en ese particular suele ser frecuente en muchas personas, como también el trabajo que cuesta deshacerse de los no deseados, sobre todo de los que, por sus motivos, más duelen. La fuerza de voluntad es imprescindible para conseguirlo; Unas veces —tal fuerza— la poseemos intacta y otras deseamos su aumento por tenerla escasa para conseguir el objetivo que señalas, ...y ello nos va minando.
ResponderEliminarComo siempre, un abrazo.