martes, 8 de octubre de 2013

La receta para ser quien quieres ser:


Laura Rojas Marco y Fernando Mora. (TEDxAndorra/RTVE)

Serás lo que quieras ser. Ocho razones para tomar el destino en tus manos(Conecta)

En este libro recientemente publicado, ocho protagonistas de diferentes campos profesionales ofrecen un abanico de perspectivas para dar un mayor sentido a nuestras vidas. Desde el eminente cardiólogo Valentín Fuster hasta Isidre Esteve, el piloto dakariano que comenzó una nueva vida en silla de ruedas tras un accidente. 
El Confidencial ha tenido la oportunidad de reunir a dos de los autores para debatir y proponer claves, pautas e ideas para el crecimiento personal. Por un lado, Laura Rojas Marcos, psicóloga en activo, licenciada por la Universidad de Nueva York, y con una amplia formación intelectual y experiencia profesional. Por otro, Fernando Mora, catedrático de fisiología humana de la Universidad Complutense de Madrid, y autor de numerosos libros sobre el cerebro. Si por algo ha destacado la conversación entre ambos ha sido por el conocimiento y la pasión que ambos han derrochado en sus exposiciones.

Para empezar, ¿podemos tomar conciencia de nuestra capacidad para tener en nuestras manos nuestro destino personal?

Laura Rojas Marcos: en mi experiencia creo que sí, somos nuestro cerebro, y podemos moldear todas nuestras conexiones neurológicas. Esto hace que podamos controlar nuestros hábitos, nuestra manera de pensar y decidir la actitud que queremos tener para afrontar situaciones difíciles o placenteras.Tenemos un porcentaje de control bastante alto sobre nuestra vida y decisiones. Existe un pequeño factor que puede ser llamado suerte, pero cómo abordamos esto con nuestras decisiones también influye en el resultado. Y la pregunta sería: ¿cuál es este resultado, qué objetivo, qué quiero aprender?

Francisco Mora: La neurociencia cognitiva es la gran revolución de nuestro tiempo porque nos ubica donde nos corresponde. Somos producto de un proceso de millones de años, y los códigos de nuestro cerebro, los que dirigen nuestra conducta, son el resultado de todas las vicisitudes de este largo peregrinaje. Por ejemplo, la necesidad de que hagamos ejercicio físico, porque está en los códigos de nuestro cerebro, no es invento de los americanos. Esta es una pequeña reflexión para responder afirmativamente, sabemos que los buenos hábitos de vida tienen un beneficio extraordinario, y son el 75 por ciento de todo aquello que hace que podamos no padecer alguna enfermedad. Y los estilos de vida podemos decidirlos nosotros…

LRM: Este concepto de la prevención, que tanto trabajamos en la psicología clínica, lo estamos intentando aplicar con determinados aprendizajes, por ejemplo el conocimiento de uno mismo, de habilidades interpersonales, y esto puede prevenir determinadas enfermedades. Por ejemplo, con una persona con predisposición a la ansiedad o la depresión, a través de esos aprendizajes y herramientas (el ejercicio, por ejemplo) podemos prevenir muchos trastornos mentales. La ansiedad se puede tratar, pero también prevenir.




LRM: Vivimos en un mundo de un cambio extraordinario, todo sucede muy deprisa, lo que nos exige la capacidad de aprendizaje, de aplicar estas herramientas para adaptarnos al cambio, sea el que sea, científico, familiar, personal, laboral… Yo diría que es la capacidad de adaptarse al cambio y a toda esta enorme cantidad de información que genera nuestro entorno.

Y, en este sentido, la neurociencia, con los descubrimientos que está logrando sobre nuestro cerebro, ¿qué respuesta tiene para el individuo?

FM: La neurociencia lo que te dice es ‘hay que cambiar los estilos de vida’, adaptarte a los cambios, sí, pero también cambiar la esencia de los estilos de vida, que hoy son equivocados. Nosotros vivimos en una sociedad enormemente estresada, y el estrés en uno de los determinantes del etéreo proceso que sufre el cerebro.

El estrés no controlado, el que impide tener las riendas de lo que está sucediendo, te produce el cortisol, unas hormonas que entran dentro del cerebro y deterioran los circuitos cerebrales, particularmente en las áreas que tienen que ver con la memoria, el aprendizaje y la emoción. Por tanto, hay que cambiar las situaciones de estrés. ¿Cómo? Cambiando muchas cosas pero, la primera, basada en rigurosa ciencia, es la ingesta calórica. Comemos más de lo que es necesario, de lo que hemos aprendido en la evolución, porque nos hemos hecho sedentarios. ¿Y por qué nos hemos hecho sedentarios? Porque tenemos un cerebro de un kilo de peso y ahora no tenemos que enfrentarnos a ningún elefante ni un tigre…

Entonces, si los desafíos actuales no responden a aquellos a los que nos ha modelado la evolución, para la psicología, Laura, ¿cómo está respondiendo el ser humano según su experiencia?

LRM: Como explica Francisco, la respuesta es el estrés, pero este tiene distintos matices. Está el positivo, que nos motiva y nos ayuda a la hora de centrarnos, el que nos pone las pilas… Porque esa capacidad adaptativa ya la llevamos dentro por la evolución. Y después está el estrés negativo, que siempre ha existido, y ha sido una fuente de aprendizaje para encontrar soluciones. Esto también es crecimiento, pero hoy día estoy encontrando que está afectando mucho anímicamente a la gente. Hay muchas personas con mucho estrés, pero también hay muchas personas que han estado muy cómodas mentalmente, y la comodidad en la evolución no existe.

FM: Exactamente, el cerebro necesita evitar la comodidad para seguir evolucionando y creando conexiones cerebrales nuevas, esto es fundamental para la salud…

LRM: El estrés negativo forma parte de la vida y tenemos que aceptarlo, pero vivimos en una sociedad que no se acepta, y además se asocia al ‘derecho a’, yo ‘tengo derecho a que me den…’. Hay una parte de la sociedad que permanece en ese estado, y parte de esta crisis de valores y existencial se debe a esto…

En España, en nuestra relación con quienes nos gobiernan, ¿no vivimos también como individuos en el “que me den todo hecho”, en una suerte de ‘infantilismo social’?

LRM: No toda la sociedad, claro, pero sí amplios sectores. Esto es propio de una sociedad adolescente, porque un adolescente te dice “quiero mi independencia, soy invulnerable” (en la adolescencia las cosas le pasan a los demás) pero además es exigente, “tú me tienes que dar a mí”. Y a lo mejor se trata más de aportar.

El adulto, la persona madura, es alguien consciente de cuáles son sus derechos y sus obligaciones, la disciplina, la responsabilidad ante cosas que, aunque no quieras, has de hacerlas por sentido de responsabilidad. Hoy día, por ejemplo, un tema muy interesante en la crisis es el de la responsabilidad de los bancos, pero ¿no tendrán también responsabilidad las personas que se endeudan consigo mismas y por encima de sus posibilidades? Una de las primeras lecciones que aprendí de mis padres es que no debes gastar más de lo que tienes.

FM: A mí me gusta el matiz de lo que acaba de decir, porque ella ha vivido en una sociedad (Estados Unidos) donde se mama y se cultiva el que te tienes que hacer desde pequeñito.

Usted también ha vivido allí, Francisco…

FM: Sí, y allí no se entiende que a partir de los dieciséis tú sigas en la familia, son los propios padres los que, si no hay dinero para llevarte a la universidad que está a veinte kilómetros, te dicen que trabajes para pagarlo…Tú te tienes que hacer, y construirte a ti mismo, te dice la neurociencia, tienes que cortar tú las raíces…

Pues en el inconsciente colectivo español parece que esta idea no está muy cuajada…

En España no hay cultura de la excelencia, de la individualidad, del esfuerzoLRM: Esta una sociedad enmadrada, y muy sobreprotegida. Yo trabajo con familias, y hay gente en casa de sus padres hasta los cuarenta años diciendo “mamá y papá me lo tienen que solucionar todo…”. Y no hablo de problemas de separaciones y problemas económicos, sino de que uno decide quedarse en casa porque es más cómodo y, además, no aporta, porque "soy el hijo o la hija y aquí me quedo"… De esto tienen la culpa ¿los políticos?, ¿los padres?, ¿el sistema?

Hay muchas cosas que cuestionar en nuestra forma de vida. En Estados Unidos frecuentemente te vas fuera de casa a los diecisiete o dieciocho años, y no es lo mismo cómo afrontas tu formación académica si tú participas en el gasto y trabajas de camarero para pagártela, por ejemplo, que si la pagan tus padres o el Estado.

Pues recientemente el ministro de Educación estableció un baremo para las becas en función de los resultados, notas y talento, y la sociedad le ha obligado a bajar el listón…

FM: Aquí prima el todo para todos…

LRM: Y el que destaque, no, tú mejor estás con el resto…

FM: En este terreno estamos absolutamente equivocados. Aquí no hay cultura de la excelencia, de la individualidad, del esfuerzo. Recuerdo que hace un año, cuando vino Obama a nuestra universidad, nos invitaron a los profesores, y nos dijo: “¿Sabéis cuándo he terminado yo de pagar mi préstamo para poder haber estado en la universidad?, pues hace diez años…”. ¡Un presidente de los Estados Unidos! ¡Hace diez años!

Aquí ya hemos visto incluso que el nivel de inglés de nuestros líderes políticos, por ejemplo…

LRM: ¡Bueno! ¡Esa es otra película!...

FM: Pero yo estoy viendo que aquí en España está cambiando, hay una concienciación de la importancia de hablar inglés, otros idiomas y comprender otras culturas. Es un cambio muy positivo. No conozco a nadie ahora que no le produzca angustia no hablar inglés, y es algo que valoro una barbaridad. Aquí la gente se reía de otros por hablar inglés, la vergüenza, el ridículo…

Bien, y si estamos de acuerdo en que tenemos más capacidad de la que creemos para coger las riendas de nuestro destino personal, tampoco resulta tan fácil modificarse uno mismo con la disciplina y persistencia necesaria ¿Cómo nos puede ayudar el neurocientífico y la psicóloga en este aspecto?

LRM: Me encanta esta pregunta porque, al fin y al cabo, como psicóloga y terapeuta todos los días trabajo con personas en proyectos de vida, de cambio, porque nadie viene a contarte alegrías. Y en todo proyecto, sea el que sea, hay un qué quiero cambiar, cómo y cuándo quiero hacerlo. La clave para todo cambio es en el ‘cómo’. Y el primer paso es identificar cuál es mi objetivo. Hay que ponerle un título y que sea muy claro. Una vez identificado, piensas en los recursos que tienes, económicos, de ayuda social, económicos, intelectuales. Y los empiezas a aplicar. Tiene que haber una parte activa, y crear un hábito. Esto último no es fácil…

Aquí entra el neurocientífico ¿no? porque el hábito es la clave para crear sólidas redes neuronales en el cerebro. La repetición no es un capricho, tiene un sentido…

FM: Eso es correctísimo, repetir es la base sobre la que cambian las sinapsis, los circuitos que codifican para funciones específicas, o el objetivo como ha dicho Laura que se pretende alcanzar, el ejercicio físico, aprender un idioma, en fin, lo que tú quieras, pero repetir, sí… Y esto los docentes lo sabemos muy bien de modo muy reciente. Nos hemos dado cuenta que repetir las cosas es un proceso mismo de aprendizaje, en términos neurológicos significa reforzar las sinapsis, esto a nivel de laboratorio lo sabemos muy bien, cuando repites el estímulo de una vía cerebral has de hacerlo para que cuando no los repitas quede estructurado en el cerebro y de esta estructura sale la función.

Hay una técnica que se llama la ‘repetición convergente’, que se trata de no aburrir, no repetir lo mismo con las mismas palabras. Si mi concepto es para mí importante y también para los estudiantes, instrumento argumentos desde una perspectiva a/, desde una b/, y una c/, pero convergentemente hacia el mismo punto. Así, el estudiante no se aburre y su cerebro, si duerme bien, ancla los procesos de aprendizaje en lo que se llama técnicamente una consolidación de la memoria.

Y, fundamentalmente, está no solo repetir, sino equivocarte, que esto no lo sabe mucha gente. Hoy también empezamos a saber que hay que equivocarse para que entre el componente emocional que te hace anclar lo que verdaderamente hay que aprender bien. Ese ¡aaah¡ que te sale después de descubrir un error, el cerebro te lo ancla. No hay nada en el cerebro, nada, ni los abstractos más puros matemáticos que no se construyan con color emocional. La emoción es la esencia del mamífero, somos seres emocionales más que racionales. Nuestra razón es muy pequeñita, y nuestra emoción enorme.

¿Y hasta qué punto estas experiencias empapan nuestro sistema educativo? ¿No hay demasiado dato y pocas herramientas de conocimiento personal?

LRM: Debo decir también que hay algo que está cambiando en nuestro sistema educativo, se está aceptando que resulta fundamental abordar el tema relacionado con la inteligencia emocional y, de hecho, en algunas escuelas que conozco aquí en la Comunidad de Madrid, se ha empezado a incorporar en el curso académico. Todavía creo que hay que pulir muchísimo y darle una estructura, pero tanto padres como profesores consideran importante abordar este tema. No estamos hablando de valores, aunque algunas emociones estén vinculadas a valores humanista. Y, en este sentido, hay una línea muy fina para ver dónde llegan los padres, y cuál es el papel de los profesores, que es importante. Hoy, muchos profesores y padres se están poniendo de acuerdo para construir esta área que es crucial. Porque la clave de la inteligencia emocional es conocer las emociones, a ti mismo y a los demás.

En esta tarea de construirnos a nosotros mismos, ¿no tenemos que ser muy rigurosos, selectivos y disciplinados en nuestra vida cotidiana con aquello que entra en nuestra mente, relaciones sociales, lecturas, conversaciones, hábitos...? Sería la ‘regla de oro’ de la que habla en el libro, Francisco…

FM: Sí, pero esto es muy difícil, la cultura te come. Cuando hablamos de cambiar los estilos de vida, si te digo que no debes comer más de 1.500 calorías diarias o debes evitar ir con el amigo a tomar la cervecita y las aceitunas. ¿Tú le dices esto a tu amigo? Es muy difícil, y si eres joven y conquistar a la chica, duras dos días… El determinante cultural es muy importante, tanto, que te hace muy difícil romper los estilos de vida que llevas y los que tendrías que sustituir.

La emoción es la esencia del mamífero, somos seres emocionales más que racionalesY todo ello nace y tiene sus raíces en el colegio, en las raíces que hay que colocar en los niños en los colegios. El sistema hay que transformarlo, no en el niño, sino en el maestro, seleccionando al maestro, que puede y debe ser una de las más excelsas figuras que tiene un país si queremos construir una cultura. Al maestro hay que enseñarle a que sea tan embargadamente consciente de que va a transformar la física y la química del cerebro de los niños. Un niño, desde que nace hasta los siete u ocho años, tiene formándose millones de conexiones al día. Aquí entra el maestro en juego para que el proceso vaya en una dirección u otra. Es una enorme responsabilidad de transformar la que tiene el maestro en una cultura que quiere responsabilizarse de sus ciudadanos. Esa conciencia no la tiene un maestro hoy. No hablo en su detrimento, sólo hablo de una realidad.

También los padres contribuyen a la formación de esas conexiones sinápticas y su cerebro. Por lo tanto, la responsabilidad paternal hacia nuestro hijos es brutal…

LRM: Yo después soy la que ve a los chicos y chicas víctimas de los abusos verbales de los padres, de su educación… Y se tardan años en poner remedio, porque son los primeros mensajes, los primeros momentos de apego. El apego de ese bebé es fundamental, ahí es donde se empiezan a formar los estímulos afectivos. Todo ocurre por primera vez en el entorno familiar. La estimulación emocional e intelectual en estos primeros años es fundamental para construir su cerebro.

FM: De todas formas, el matiz que quiero introducir es que el colegio nunca puede sustituir esto. El colegio no es solo instrucción. Y aquí es donde la cultura postindustrial nos puso en este mundo, el colegio estaba para crear gente social, para crear normas sociales que se respetan, y esto solo se puede aprender en el colegio. Hoy la sociedad no te permite decir ‘a mis hijos los educo yo’, porque el colegio es el niño interactuando con otros, grabando en su cerebro normas que los padres no pueden dar. Esto no se puede sustituir, tiene una entidad de por sí. Por eso decía antes lo del papel trascendental del colegio si queremos ciudadanos con una raíz ética… En este país, en España, la picardía… Esto en países donde se tiene esta raíz ética, estas palabras no existen.

Entonces, si queremos tomar las riendas de nuestra vida, los valores colectivos son la expresión final de los individuales. Entonces, la corrupción en España ¿a qué puede atribuirse?

FM: Pues a una cultura que nació hace siglos, la picaresca. En España vivimos en la cultura del “qué listo es mi chico, que se ha colado en la cola”, la inteligencia zorruna que yo le llamo. Esto ha sido primado aquí durante siglos, y es el anclaje a una cultura tan negativa como la que nos ha llevado a lo que tenemos actualmente. No es que no tengamos en nuestra esencia el ser pícaros, evidentemente, forma parte de un instinto de supervivencia, nacemos de que le hemos quitado en la selva algo para comer al que está al lado nuestro para sobrevivir, eso está ahí. La cuestión es crear normas capaces para no crear y facilitar la cultura de la picaresca, como han hecho otros países. Esto nos lleva a la deshonestidad que estamos viendo todos los días.

LRM: Además, me gustaría añadir algo más a esto tan importante que está diciendo. ¿Y cuál es el pilar de la picaresca al margen del instinto? Pues creo que es el ‘sentimiento de derecho’, ‘tengo derecho a coger esto que es tuyo porque yo lo quiero’, y me siento con derecho, con lo cual actúo para engañarte y robarte porque yo lo quiero. Y me das igual tú.

FM: ¿Y esto dónde se ancla Laura? ¡En los niños y en el colegio! ¡En los valores!…

¿Y en el ejemplo de las élites, no? Porque si en España vemos a nuestras élites… ¿Dónde está su responsabilidad social?

FM: Sin duda. Pero si el líder social, político y económico no la tiene ¿Cómo la va a ejercer? Pero ¿has visto los dirigentes que tenemos en este país? Gentes que están completamente desconectadas de la realidad.

Cuando tú hablas de economía y tienes tres premios Nóbel detrás, siendo tú el político, tienes un basamento que te da respeto¿Sabéis lo que es la ciencia en este país? Te lo puedo decir yo. ¡Una falta de cultura total del valor que tiene la ciencia! Pero no como ciencia en sí, sino por nuestra dignidad ¡Que no tenemos un Premio Nóbel desde 1906, ni trazas de tenerlo! ¿Sabes lo que significa esto? La dignificación de un país cuando tú estás en un foro. Cuando tú hablas de economía y tienes tres premios Nóbel detrás, siendo tú el político, tienes un basamento que te da respeto. Pero cuando tú llegas y ni siquiera hablas inglés, y tampoco tienes ‘Nóbeles’ que te den ese sello de dignidad pensante de un país como es la ciencia, hemos terminado. ¿Y estos son los que nos dirigen? A través de artículos se lo he dicho a Rajoy ¿Usted sabe lo que sería que se dirigiese al país y nos dijera que iba a vehiculizar la política hacia la creación de ciencia? Porque significa dinero, riqueza, conocimiento. Y dignidad.

Desde sus respectivas experiencias cotidianas, ¿qué descubrimientos en su labor más les han llamado la atención de modo que sea de utilidad cotidiana para responsabilizarnos más de nuestras vidas y seguir creciendo?

LRM: Algo que descubro todos los días desde hace más de veinticinco años:la capacidad y la fuerza del ser humano para cambiar cuando toma esa decisión. El que se lo propone consigue sus objetivos, te diría al noventa por ciento. Puede llevar más o menos tiempo, pero si uno cree de verdad, lo vas a conseguir. Con ayuda, trabajo, esfuerzo, sufrimiento… Y todavía se me ponen los pelos de punta cuando pienso en ello. Cuando veo esa mirada, ese “¡lo he pillado, lo entiendo!”. Y a partir de ahí no hay vuelta atrás, ya sé que ese cambio está en marcha. Y la esperanza, incluso en los más desesperanzados. Porque cuando crees en algo, y construyes una pautas, es posible. Me da esperanza, me encanta, y me da felicidad ver esto.

FM: Desde el cerebro, desde la ciencia, lo que aporta la neurociencia cognitiva es apoyar al cien por cien lo que ha dicho Laura, y eso que se llama ‘energía’, que es la emoción, la fuerza que te lleva a realizar un propósito. La involucración emocional, la participación de una energía que no sabes definir pero sabes que te lleva. Lo que la neurociencia está aportando de una manera clara, es que la raíz de lo que llamamos ‘humano’ es la emoción. Y cuando se hace consciente, es lo que llamamos sentimientos. La razón en las decisiones es importante para un ajuste final, pero lo que te empuje a decidir sobre algo es todo lo que has aprendido emocionalmente en tu vida.

Pues un consejo final de cada uno para terminar, por favor…

FM: ¡Hazte a ti mismo! No intentes conocerte a ti mismo, Sócrates estaba equivocado, no existe el ‘tí mismo’, porque eres un ser cambiante constantemente. Sólo hay que mirar hacia delante en la vida, como ha dicho Laura, sabiendo que lo que construyas en tus decisiones, en tu aprender y memorizar, es lo que hará de ti lo que quieres ser. Como actúo ahora mismo, en este mismo instante, me estoy creando, porque en tu día a día te creas ya que el cerebro está cambiando constantemente en su física y en su química, a cada momento. Esto es un valor extraordinario, y la neurociencia te lo está enseñando.


LRM: Como consejo final diría que es importante involucrarse y tener conciencia plena de dónde estoy ahora y de qué quiero para mí y para mi futuro, y ponerse, y hacer un plan, y comprometerse. Con esto todo va a ir fluyendo, habrá un proceso de aprendizaje, y ese yo va a ir cambiando, y también seguiremos aprendiendo con esa experiencia. Aprenderemos de la experiencia.

1 comentario:

  1. UFFFFFF TOTALMENTE DE ACUERDO !!!! PRODUCE UNA REACCION AGRIDULCE ESTE ARTÍCULO PERO NOS QUEDAMOS CON QUE QUERER ES PODER SIEMPRE!!!!!!!!! GRACIAS JOSE LUIS !!!!!! BIKOSSS

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